Opinión

Caos en Libia por la "intervención humanitaria"


 
Dos de las notas que se publican hoy en estas páginas dan cuenta de la situación caótica en que se encuentra Libia, a sólo dos años de que fuera “liberada” por una mezcla de monarquistas, disidentes, mercenarios yijadís y desertores, apoyados convenientemente por una campaña aérea de la Alianza Atlántica.
 
 
La barca de los inmigrantes africanos que se hundió ayer antes de arribar a Lampedusa, Italia, con saldo de 120 víctimas al menos, zarpó de Misrata, una de las plazas fuertes de la rebelión contra Muamar Kadhafi y ahora avispero del extremismo islámico; si bien es cierto que Silvio Berlusconi llegó a pactar con el linchado coronel del Libro Verde el establecimiento de “campamentos” para detener a la ola de indocumentados subsaharianos, el negocio del tráfico humano crece en Libia, para beneficio de las bandas armadas que se disputan posiciones ante la debilidad del gobierno central.
 
 
El ataque a la embajada rusa en Trípoli, por su lado, se añade a incidentes similares que en el emblemático 11-S de 2012 incluso le costaron la vida en la ciudad de Bengazi al embajador norteamericano, Christopher Stevens, quien ––afirma Moon of Alabama–– no murió por el confuso asalto de un grupo de extremistas que todavía no acaban de explicar Hillary Clinton y Susan Rice, sino por diferencias en el suministro de armas para los “rebeldes moderados” de Siria. Después de todo, otras versiones indican que el “consulado” en Bengazi ocultaba una base de la CIA, dedicada a “monitorear” a los radicales que expandieron su lucha hasta el vecino Mali.
 
 
Irresponsables
 
 
En RT, el historiador y periodista germano estadounidense William Engdahl, quien por cierto ha manifestado que el problema del cambio climático es exagerado con fines malthusianos, como en su momento se habló del “pico del petróleo” y de su inminente escasez, sostiene que en Siria los aliados intentaron repetir la doctrina de la “responsabilidad de proteger” a la población civil presuntamente en peligro por las “armas químicas de Bashar el Assad”, que desintegró a Libia.
 
 
Aunque las instalaciones petroleras libias no fueron dañadas en la guerra, asevera, las pugnas tribales han llevado a la caída de la producción, necesaria para la economía del país magrebí. De 1.6 millones de barriles diarios generados antes del conflicto, la capacidad total disminuyó en septiembre a 150 mil barriles, al tiempo que las exportaciones apenas alcanzan 80 mil barriles diarios. El Parlamento, agrega citando fuentes en Trípoli, “basicamente colapsó” y Libia es hoy “el mercado de armas al aire libre más grande del mundo” gracias a la generosa ayuda de la OTAN, Arabia Saudita y Qatar, de acuerdo con el testimonio de un reportero francés. ¿Eso es lo que se quiere para Siria?