Opinión

Cantinflas

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil informó al mundo que por ningún motivo irá al cine a ver la película basada en la vida y la obra, mjú, de Mario Moreno Cantinflas. Gamés está hasta la coronilla. Las páginas de espectáculos no cesan de imprimir la imagen del actor español Óscar Jaenada que se ha puesto en los zapatos del ídolo popular. Que si el actor contrató a un foniatra, que si le pagó dinerales a una maestra de danza, que si empleó al mejor imitador de Cantinflas. Hubieran contratado al mejor imitador y se quitaban de problemas, dice Gil. En fon.

Lo dicho: Gil no se acercará ni a diez cuadras a la redonda (o al cuadrado) de los cines donde se exhibe "Cantinflas". Y duro y dale con que “Susórdenes, jefe”, o “¡No que no, Chatos!” Qué monserga. Bien vista la cosa (sin albur), Cantinflas hizo tres o cuatro películas entre las que sobresale "Ahí está el detalle", de ahí en fuera, Cantinflas se disfrazaba de bombero, de abogado, de ruletero, de patrullero y montaba unos bodriazos de padre y señor nuestro.

El peladito que se enredaba al hablar y no decía nada utilizando la mayor cantidad de palabras no le parece a Gilga un actor digno de ninguna admiración. “Y como dijo Chicaspeare: si te vi o no te vi, ni me acuerdo”. Háganle el cabrón favor a Gamés. Oh.

Monsiváis y Cantinflas

Carlos Monsiváis, que Dios tenga en su santa Gloria, colaboró notablemente al crecimiento mítico de la figura de Cantinflas en el espacio de los cultos. Su ensayo “Cantinflas, ahí estuvo el detalle”, repasa las glorias del peladito en la carpa Valentina, en Tacuba. Mario Moreno, un joven del barrio y de la palomilla brava desea probar suerte, hacer reír a sus amigos, sacarle provecho a esa gracia tan festejada en reuniones callejeras y billares. Monsiváis convertía sus ensayos-crónicas en laberintos de los cuales era dificilísimo salir, oigan esto: “(en Cantinflas) casi de inmediato, la reproducción fidedigna se vuelve parodia. Como lo reiterará el cine, un modelo lingüístico usado sin modificaciones deviene sin remedio la burla del sujeto descrito, cuya simpatía resulta tontería sumisa”. Gil exclamó: “susórdenes, jefe Monsiváis, pero como que no se entiende la frase sin frases de la elipsis sin psis”.

Gil considera que fue así como Cantinflas pasó de ser simplemente un comediante del barrio y un ídolo popular a figura del imaginario (la palabra imaginario prestigia mucho) cultural interpretado por un escritor de fuste y fusta y fiesta verbal: “lo que no se puede decir, se insinúa y se expresa con las imágenes que forman los movimientos corporales. En el pueblo, lo escatológico, “lo obsceno”, no es gozo secreto sino expresividad elemental. A la ira, a la charla paródica, al deseo, al regaño, les hacen falta groserías (una mala palabra aquí es un término insustituible acá), y al no estallar en la carpa las palabrotas, se precipita el vértigo de risas y chiflidos que al eufemismo”.

Aigoeeei. Lectora, lector, ustedes se equivocan. No se trata de un parlamento de la película "El supersabio" sino, Gil jura y perjura, de una cita del ensayo-crónica-laberinto de Monsiváis. Por diosito santo.

Yépez s’en va

Aún se mueven las férreas estructuras de la cultura mexicana después del terremoto. El golpe y porrazo que se llevó Gilga con la noticia lo traumatizó. Gil tiene miedo de repetirlo, pero todo sea por el noble magisterio del periodismo: Heriberto Yépez se retira de la ficción, no escribirá más. Así lo escribió Yépez: “Se puede decir que la obra de Heriberto Yépez ha concluido”. Muchos Yépez, pero la noticia no es para menos.

¡Nooooo!, se oyó un grito estremecedor en el amplísimo estudio. Heriberto, no lo hagas, por tu madre y tus lectores. Yépez decidió retirarse: “En estas dos décadas he publicado más de veinte libros y he escrito algunos más que permanecen inéditos, por una u otra razón. He tomado la decisión de dar cierre a dicho proyecto de escritura”.

Desde la triste muerte de Pavese, desde el escopetazo de Hemingway, Gil no había oído una noticia tan desoladora en la vida de las letras: Yépez s’en va. Heriberto, vuelve, ¿sí? Anda, el arte no se va a dar por mal servido y le pagará con un trozo de inmortalidad a tu generosidad. Ya en serio: es que de veras, aquí el más chimuelo masca rieles.

Sí, el viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos, mientras los camareros, mju, traen las bandejas con Glenfiddich 18, Gamés pondrá a circular esta máxima de Kafka por el mantel tan blanco: “la literatura es siempre una expedición a la verdad”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX