Opinión

Campaña ideológica

  
1
  

  

Clinton-Trump. (El Financiero)

Por años, las campañas presidenciales en Estados Unidos estuvieron dominadas por el tema económico. Momentos de crecimiento, de potencia económica, de alzas bursátiles, baja inflación y efectivo en el bolsillo de los estadounidenses, eran determinantes para inclinar la preferencia electoral.

Otro elemento fundamental para alcanzar el triunfo era el centro ideológico norteamericano: el mainstream, la corriente predominante de opinión entre las clases medias se convertía en el objetivo central de los candidatos: conquistar el centro social e ideológico de la sociedad americana era la meta. Es decir, ni demasiado a la derecha y mucho menos –por ello Bernie Sanders representó una aguerrida diferencia en las primarias demócratas– demasiado a la izquierda.

El centro estadounidense era el eje sobre el cual orbitaba la victoria electoral. Los estudiosos afirman que Ronald Reagan arrebató la Casa Blanca al presidente en funciones Jimmy Carter, por su capacidad para seducir a una clase media en busca de un liderazgo chispeante, firme y con una visión clara del mundo en los conflictivos años de la Guerra Fría. Rol fundamental jugaría Reagan justamente en desmantelar esa tensión, a la propia URSS, y en cerrar esa etapa de la historia. Cuando 12 años después el joven e inexperto candidato demócrata, proveniente de un estado del sur sin mucho glamour, Bill Clinton, desbancó al presidente Bush (padre) de la Casa Blanca, fue esencialmente por los impuestos que el señor George Bush padre había instituido traicionando con ello una promesa de campaña. Representó una ruptura frente al establishment de Washington que el joven de Arkansas lograra vencer al experimentado presidente Bush padre con todo y sus 40 años de servicio público.

Cuando Bush hijo derrotó a Al Gore ocho años después, hay enormes debates sobre la elección presidencial de ese año, pero prevalece el argumento de una economía más orientada hacia la disminución de programas sociales, reducción de impuestos y mejores condiciones para los ciudadanos.

Barak Obama conquistó al electorado a pesar del debate racial y discriminatorio, por su mensaje de reconciliación social, el fin de los conflictos, el retiro de tropas, una nueva actitud frente al mundo en vez del belicismo de Bush hijo que hizo pedazos a la economía americana.

Hoy, Hillary enfrenta un escenario radicalmente distinto, donde el terrorismo, la globalización, la quimera de la superpotencia y la inmigración han desplazado el debate tradicional de la economía, hacia temas mucho más ideológicos y políticos.

Los argumentos de Trump y su diatriba en contra del libre comercio han forzado a Clinton a revisar sus posiciones en torno al TPP (Acuerdo Transpacífico de Comercio) que había apoyado desde su etapa como secretaria de Estado. Incluso al grado de prometer una revisión al propio TLCAN (tratado con México) para complacer a los inconformes.

Mientras que Hillary busca atraer a los miles de republicanos tradicionales que rechazan a su candidato, el mismo Trump busca capturar a los más liberales seguidores de Sanders que criticaron el libre comercio. Es como si las antípodas se tocaran y los extremos opuestos en el espectro ideológico coincidieran por líneas temáticas y momentos.

Si bien el discurso de America Great Again del voluble y caprichoso Trump pareciera sustentar sus ideas en la economía al atacar fuertemente la inmigración y recuperar su país, de fondo cruza por esa ruta para incendiar las posturas más conservadoras, proteccionistas y antiglobales del electorado. La trampa aquí es que Donald les hace creer –como Boris Johnson o Nigel Farage previo al Brexit británico–que una medida así va a propulsar la economía local nuevamente, cuando sabemos que eso no sucede en automático ni por elegirlo, o salirse de la Unión Europea en el caso del Reino Unido.

Por su parte, Hillary corre el riesgo de renunciar a posiciones liberales propias de su trayectoria o del Partido Demócrata, por la batalla electoral con Trump.

El centro social y electoral norteamericano puede muy bien dejar de ser el fiel de la balanza y la fuerza predominante que incline la victoria en estos comicios. Será este debate ideológico que apele incluso y sobretodo a los extremos, lo que puede ser el factor esencial el 8 de noviembre.

Twitter: @LKourchenko

También te puede interesar:
Que feo está el mundo
Theresa May ganó la rifa del tigre
ISIS, nueva estrategia