Opinión

¿Cambio de señales?

 
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Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed). (Bloomberg)

Este jueves 30 de abril la Junta de Gobierno del Banco de México llevará a cabo su reunión periódica de política monetaria. Todo parece indicar que los miembros de ésta van a tener una ardua jornada debido a que la información económica divulgada entre la fecha de la última reunión y ésta apunta en el sentido de que la economía continúa debilitándose, mientras que la inflación bordea la tasa objetivo de 3.0 por ciento. En estricto sentido, esta combinación ameritaría un relajamiento de la política monetaria mexicana antes que un endurecimiento, como de una u otra forma lo han venido descontando los mercados.

Es probable que este razonamiento se encuentre detrás del comentario de la semana pasada del gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, en el sentido de que dicha institución podría dejar sin cambios la tasa de interés de referencia aún si la Fed decidiera aumentarla.

Esta afirmación cambia la percepción que hasta hoy se tenía sobre el futuro de la política monetaria mexicana, misma que consideraba que el Banco de México subiría la tasa de interés de política antes o después de que lo hiciera la Fed. Antes, siempre y cuando se presente un escenario de inestabilidad financiera interna; o, inmediatamente después, con el objeto de mantener cierto equilibrio con la política monetaria americana. En tal sentido, baste recordar que los comunicados del Banxico han insistido en que dicha institución se mantendrá atenta a la postura monetaria relativa entre México y Estados Unidos.

El argumento que justifica este razonamiento es relativamente fácil de inferir: tal como se señala líneas arriba, el balance actual de riesgos en México muestra que la economía se sigue debilitando, mientras que la inflación ha descendido al nivel objetivo de 3.0 por ciento anual, por lo que cualquier aumento de la tasa de interés (antes o después de la Fed) tendría efectos contraproducentes, pues contribuiría a debilitar aún más a la economía.

Es más, la semana pasada se dio a conocer que la inflación de la primera quincena de abril (-0.45 por ciento) llevó a la cifra anual a 3.03 por ciento, en línea con el objetivo; mientras que la actividad económica cayó 0.03 por ciento en febrero con respecto a enero, fortaleciendo así este probable cambio de visión del gobernador del Banco de México.

Si bien en una situación normal el estado de dicho balance justifica el mantener o incluso bajar la tasa de interés de referencia, es difícil que lo haga en una situación como la actual, en la que la Fed estadounidense se prepara para iniciar el endurecimiento de su política monetaria, proceso que provocará la salida de capitales de los países emergentes y de México, con la consecuente depreciación del tipo de cambio y los correspondientes efectos sobre la inflación.

Sin embargo, los discursos del gobernador del Banco de México a lo largo de la semana pasada parecen tener la solución a este problema: el Banco Central dispone de 270 mil millones de dólares en reservas internacionales, mismas que estaría dispuesto a usar para enfrentar cualquier salida de capitales ante el aumento de las tasas de interés en Estados Unidos.

Es decir, que el Banco Central tratará de mantener sin cambios la tasa de interés de política para no afectar el desempeño de la economía, y venderá divisas al mercado para evitar la depreciación del tipo de cambio y los consecuentes efectos sobre la inflación.

Si este fuera el caso, no se debe perder de vista que la venta de divisas no resolverá el problema de fondo. Si bien evitará que el tipo de cambio se deprecie demasiado, irá incubando un problema mayor al tratar de ignorar el acortamiento del diferencial entre las tasas de interés de México y Estados Unidos, mismo que a la larga alentará una mayor fuga de capitales, tal como sucedió en 1994.

Existe una segunda razón para tratar de mantener sin cambios la tasa de interés de referencia pese a los incrementos que pudieran observarse en Estados Unidos: el estado de las finanzas públicas.
Ante la caída de los precios internacionales del petróleo y la contracción en el volumen de la producción, las finanzas públicas mexicanas han resentido un duro golpe por el lado de los ingresos, lo cual ha llevado a la Secretaría de Hacienda a recortar el gasto público de este y el próximo años. Un aumento de las tasas internas de interés también afectaría las finanzas, sólo que a través del incremento en el gasto público por el mayor monto destinado al servicio de la deuda pública interna denominada en tasa variable.

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