Opinión

Cambio de expectativas

 
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carstens banco de mexico

El Banco de México presentó su informe de la inflación del último trimestre de 2015 y aprovechó para revisar sus expectativas económicas para el 2016 y 2017, mismas que ya se habían oficializado en noviembre del año pasado, en ocasión de la presentación del Informe del tercer trimestre de 2015.

En esta oportunidad destacan las modificaciones que hizo a las dos variables importantes que guían su actuación: por un lado, redujo su expectativa para el crecimiento económico de los próximos dos años; y, por el otro, admitió la posibilidad de que la inflación pueda ubicarse, al menos temporalmente, por encima del 3.0%, al corregir una omisión en sus estimaciones anteriores sobre el comportamiento estacional del precio de la gasolina en el mundo.

Sobre el crecimiento económico, Banxico redujo en medio punto porcentual su proyección de crecimiento para 2016 y 2017, para ubicarlos en términos puntuales en 2.5% y 3.0%, respectivamente. De este modo, se ubicó prácticamente en el promedio de las expectativas de 37 economistas del sector privado encuestados en febrero por dicha institución (2.45% y 2.97%), aunque no deja de llamar la atención el que la corrección de las proyecciones de 2017 también haya sido en una magnitud importante.

Curiosamente, el argumento principal para llevar a cabo dicha revisión es la corrección de la sobreestimación del efecto de arrastre de EU sobre México ante el debilitamiento de su sector industrial americano, que dicho sea de paso, se había estado registrando durante todo el 2015. Adicionalmente, en la visión del banco central el aumento de la tasa de interés de política y el anuncio de un recorte del gasto público a mediados de febrero tienen un efecto neutral sobre el crecimiento.

Respecto de la inflación, el banco central admitió la posibilidad de que a partir del segundo trimestre la inflación pueda ubicarse por encima de 3.0% anual a consecuencia de la estacionalidad del precio de la gasolina en los mercados internacionales, misma que permite observar precios bajos del combustible en invierno y altos después de éste. Lo que llama la atención es que no se haya visto este fenómeno con antelación (en el informe del tercer trimestre), si se sabe que el precio de la gasolina, como muchos otros, presenta comportamientos estacionales.

Como se sabe, a partir del 1 de enero de este año la secretaría de Hacienda liberalizó el precio de la gasolina dentro de una banda comprendida entre13.16 y 13.97 pesos por litro, que corresponde al +3.0% y -3.0% de precio base de 2015 que fue de 13.57 pesos por litro.

Si bien al inicio del año el precio interno de la gasolina se pegó al límite inferior de la banda, es probable que a partir de abril vaya subiendo poco a poco hasta alcanzar el límite superior en junio, mismo que en términos acumulados implicaría un aumento de los precios de 6.0%con respecto al nivel observado al inicio del año. El efecto directo sobre la inflación sería de 0.3 puntos porcentuales que se sumaría a la inflación del mes previo al aumento en el precio de la gasolina. Esto sin contar, el efecto que pueda generar el rebote de los precios de los productos agropecuarios que explicaron en buena medida el favorable comportamiento de la inflación en 2015.

Finalmente, un elemento que ha dejado cierta inquietud en los mercados es la ausencia de una minuta sobre la reunión extraordinaria de la Junta de Gobierno del Banco de México de mediados de febrero, en la que se tomaron las decisiones más importantes en términos de la política monetaria y cambiaria de los últimos años en este país. El gobernador dijo que en realidad no hubo discusión entre los miembros de la Junta porque hubo completa coincidencia de opiniones. Vale decir, que todos a la vez pensaron aumentar medio punto porcentual la tasa de referencia, como el subastador walrasiano.

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