Opinión

Cambio climático, más que emisiones industriales

 
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(AP)

Esta semana México ratificó sus compromisos para contribuir a mitigar el cambio climático a nivel mundial: reducir 22 por ciento la emisión de gases efecto invernadero (GEI) y 51 por ciento la de gases de carbono negro hacia 2030, así como generar 35 por ciento de la electricidad a partir de energías limpias en 2024.

En paralelo, y con la tardía oposición del sector industrial nacional que absorberá los costos de esos compromisos, avanzó en el Senado la Ley para la Transición Energética que en teoría sustenta esos objetivos.

Pero otros factores con elevada incidencia en el cambio climático se han soslayado. Es el caso de la degradación de tierras y suelos, en particular la desertificación, y el manejo del agua y la relación de ambos con las sequías.

A pesar de que en la COP21 aparentemente México comprometió una tasa de deforestación de cero por ciento en el territorio nacional, sin definir un plazo claro para alcanzarla (cuando menos en la información pública disponible), no existe una política pública integral para atender ese fenómeno ni el da la degradación de tierras. Ninguna dependencia federal –Semarnat, Sagarpa o Sedatu— tiene el tema de los suelos en el radar y es un aspecto clave en el ciclo del agua y la captura de carbono. Diversas investigaciones han establecido la estrecha relación que hay entre la degradación de las tierras y el calentamiento atmosférico y el manejo sustentable de tierras que incluye el almacenamiento de carbono en los suelos forestales, de pastoreo y agrícolas, el manejo de residuos y su fertilidad, con la mitigación de emisiones de GEI.

De acuerdo con un estudio realizado por la Comisión Nacional Forestal en 2013 y citado en el “Programa Nacional de Manejo Sustentable de Tierras” (elaborado por el Sistema Nacional de Lucha contra la Desertificación y la Degradación de Recursos Naturales, Sinades. Sermarnat. 2014), los indicadores de la degradación de los suelos en México son preocupantes por decir lo menos: la pérdida de cubierta vegetal o deforestación (recursos bióticos) es severa o extrema en 30 por ciento del territorio; la fragilidad severa y extrema de los suelos por erosión hídrica, eólica y física (recursos edáficos) alcanza 28.8 por ciento; y la degradación de los recursos hídricos es severa/extrema en 18.8 por ciento del país.

Con ello, el “indicador integrado de degradación de tierras” señala que es severa en 38.4 por ciento del territorio nacional y extrema en 9.4 por ciento, en tanto la desertificación está presente en 25.7 por ciento y 6.4 por ciento, respectivamente. Los escenarios de cambio climático proyectados para 2050 señalan que ambos fenómenos se acentuarán de no adoptarse medidas correctivas.

En ese sentido, el programa citado propone una serie de planes de acción en materia de educación, difusión, aumento de capacidades para la planificación territorial, coordinación interinstitucional, información, participación corresponsable, investigación y transferencia de buenas prácticas, cooperación internacional y estrategias financieras. No obstante, el programa se queda corto para el tamaño del problema; basta señalar que para la “cartera de proyectos estratégicos” se consideran ¡123 millones de pesos!, monto ridículo y que pone de manifiesto que el tema está lejos de ser una prioridad nacional.

Además de su impacto en el cambio climático, la degradación y desertificación de las tierras tienen implicaciones en la productividad agropecuaria y forestal, en la seguridad alimentaria y en la pobreza y migración en zonas rurales; esto es, con afectaciones en múltiples ámbitos. Por su parte, las causas del calentamiento global son multivariadas y no sólo producto de la emisión de gases industriales y del uso de combustibles fósiles.

No reconocerlo implica soluciones parciales y asignar los costos de manera injusta. Como en el agua (¿y la nueva ley?), en este tema vamos mal y tarde; parecería que nadie es responsable.

Agradezco a Francisco J. Mayorga Castañeda sus ideas y comentarios para este artículo.

Twitter: @ruizfunes

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