Opinión

Cambiar gobierno

  
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Matteo Renzi

Con frecuencia se escuchan voces que afirman que lo que se requiere es cambiar la forma de gobierno. Acá en México, hemos discutido la segunda vuelta, el régimen parlamentario, e incluso hay quien sugiere reducir el número de legisladores.

Para todos los interesados en el tema, en Italia se intenta hacer precisamente eso: una reestructuración del gobierno, que incluye la reducción de los legisladores, pero sobre todo un cambio profundo en sus funciones, atribuciones y responsabilidades. En lugar de tener dos cámaras prácticamente iguales, como hoy tienen, en la nueva estructura los senadores serían designados por región, no electos, sin remuneración, mientras que los diputados sí llegarían por elección a su puesto y cobrarían su dieta. Diversas funciones se distribuyen de manera distinta a la actual (nombramientos de jueces, elección del presidente, etcétera). Adicionalmente, las atribuciones de las regiones y el Estado se definen con claridad, para evitar la concurrencia, y se elimina el Consejo Nacional del Trabajo y la Economía.

La reforma constitucional la ha propuesto el actual jefe de Gobierno, Matteo Renzi, y es la propuesta más seria que se ha hecho en décadas, pero no la primera. El gobierno italiano tiene la fama bien ganada de ser disfuncional, y no ha sido posible resolverlo hasta ahora. Y puede ser que ahora tampoco. Para decidir al respecto, el domingo 4 de diciembre habrá un referéndum. Según las encuestas, Renzi va perdiendo por cuatro puntos. Para no dejar duda, ha anunciado que si pierde, renunciará. Y si bien el referéndum no tiene mayor importancia hacia fuera de Italia, la renuncia de Renzi sí puede dificultar mucho el panorama, ahora que andamos enterrando el viejo sistema político mundial.

Renzi llegó al poder con una coalición partidista hace casi tres años, para sustituir a Enrico Letta, que no cumplió un año en el poder. Antes de él, estuvo Mario Monti, por año y medio, y antes, Silvio Berlusconi, el único que ha podido gobernar (es un decir) en Italia por varios años desde los tiempos de De Gasperi, al fin de la Segunda Guerra Mundial. Berlusconi suma nueve años en el poder, por siete de Aldo Moro y de Giulio Andreotti, ambos, como De Gasperi, figuras de la Democracia Cristiana.

Fuera de la coalición de Renzi y promoviendo el fracaso del referéndum está Cinco Estrellas, el extraño movimiento encabezado por Pepe Grillo, un payaso de la televisión; Forza Italia, de Berlusconi (que propuso algo parecido hace una década, pero ahora se opone); y la Liga del Norte, un grupo medio independentista. Cinco Estrellas ha sido el que ha logrado lo que ayer comentábamos del Frente Nacional de Francia: captar buena parte de los votos que izquierda y derecha pierden, ofreciendo algo para cada grupo, aunque eso sea imposible de cumplir en caso (poco probable) de llegar al poder. De hecho, en los gobiernos locales que ganaron recientemente, los representantes de Cinco Estrellas han sido un rotundo fracaso.

Insisto en que el mercado político actual no está configurado por dos bloques claramente diferenciados que podamos asociar con la izquierda y la derecha. Hay un archipiélago de minorías que promueven sus intereses, a los que los políticos no pueden responder fácilmente. Pero un candidato que viene de la frontera del sistema sí puede ofrecer a cada uno lo que busca, sabiendo que jamás podrá cumplir. Eso hizo Trump, y eso están haciendo diversos grupos en Europa. Por la situación estructural del gobierno italiano, esta circunstancia puede convertirlo en un gobierno paralizado, porque si bien en un gobierno presidencial las promesas incumplidas se cobran varios años después, en uno parlamentario pueden exigirse casi de inmediato.

Otra vez: el cambio de verdad es profundo.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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