Opinión

Cambian los motores de la economía mexicana

 
1
 

 

Economía. (Especial)

Hay evidencias crecientes de que este año habrán de cambiar los motores de la economía mexicana. El que tenía potencia, está debilitándose. Y el que estaba casi apagado, está tomando fuerza nuevamente.

El año pasado, el consumo privado se había convertido en el motor que dinamizaba a nuestra economía.

En 2016, el PIB creció a una tasa de 2.3 por ciento. En contraste, el consumo privado lo hizo a un ritmo de 2.7 por ciento. La inversión se quedó en cero y el consumo de los gobiernos apenas creció 1.2 por ciento.

En el sector externo, las exportaciones de bienes y servicios apenas aumentaron en 1.2 por ciento.

En buena medida, el crecimiento de la economía descansó en el consumo privado.

Esta manera de crecer no era la que prevalecía en el país.

Un año atrás, en 2015, el consumo privado había crecido en 2.3 por ciento mientras que las exportaciones lo hicieron en 10.4 por ciento.

En la historia reciente del país, eso era lo que venía sucediendo. Teníamos una economía que era remolcada por el sector exportador, y aunque el mercado interno crecía de manera sostenida, lo hacía a tasas relativamente bajas.

Entre los años 2000 y 2015, el ritmo promedio del PIB fue de 2.1 por ciento, pero el ritmo de las exportaciones totales fue de 4.1 por ciento al año.

La razón de la diferencia es que la manufactura de exportación, que aprovechó las ventajas que ofreció el TLCAN, se convirtió en el gran motor económico.

Zonas como el Bajío o parte del norte del país alcanzaron un alto dinamismo con base en ese modelo.

Sin embargo, en 2016 el esquema parecía haberse agotado.
Los datos más recientes, sin embargo, nos muestran que el modelo revive.

Ayer, el Inegi dio a conocer que las exportaciones manufactureras en mayo crecieron 12.9 por ciento y la cifra acumulada para los primeros cinco meses del año llegó a 8.7 por ciento, con lo cual el volumen exportado es el mayor de la historia para un periodo equivalente.

En contraste, hay indicios de que el desempeño del mercado interno empieza a perder ritmo.

Las ventas del comercio minorista crecieron el año pasado a un ritmo de 8.7 por ciento, mientras que en los primeros cuatro meses de este la tasa ya es de sólo 4.0 por ciento.

Aunque el empleo formal sigue creciendo, el salario real va de reversa y la masa salarial real ya no puede mantener el ritmo tan elevado que consiguió en 2016.

Este hecho tiene significado económico, pero también político.

Las entidades en las que hay una mayor base exportadora, como las del Bajío y del norte, o las que tienen centros turísticos de gran atractivo, serán las que más crezcan en los meses previos a las elecciones del próximo año.

En contraste, los estados en los que la principal actividad son los servicios o el comercio, probablemente bajen su dinamismo. Se trata sobre todo de estados ubicados en el centro y sur de la República, por cierto, algunos con el mayor padrón electoral.

Al despejarse las amenazas relativas a la continuidad del TLCAN, todos los indicios apuntan a que se consolidará el modelo de crecimiento que prevaleció en México en la primera década de este siglo.

¿Qué partido o partidos podrían beneficiarse con este resultado económico?

Será tema para otra columna.

Twitter: @E_Q_

También te puede interesar:
¿Resistirá la economía la turbulencia política?
El verano caliente que nos espera
¿Y dónde quedó el ‘gasolinazo’?