Opinión

Cambia el mundo: comienza el alza en
tasas de interés

 
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Fed

Se acerca, finalmente, el momento en el que el Banco Central de Estados Unidos hará su primer incremento en la tasa de interés de referencia, después de tenerla casi una década cercana a cero. Esta política monetaria cumplió su cometido. Abarató el crédito, llevando a que muchas empresas e industrias invirtieran en proyectos que se volvieron factibles debido al mínimo costo de financiarlos. Forzó a que cientos de miles de millones de dólares salieran de los mercados de bonos para consumir; y para ir a comprar acciones (el mercado estadounidense se ha más que triplicado en casi siete años de alza), inmuebles, arte y otros activos.

Al recuperarse el precio de acciones y casas, mejora la situación patrimonial de familias que se sienten más seguras y se animan a gastar. Las hipotecas baratas aunadas a la preferencia de ahorradores de invertir en ladrillos, ante las poco atractivas perspectivas de bonos que ofrecen tasas ínfimas, provocaron que el mercado de la construcción el mes pasado fuese el más fuerte desde noviembre de 2007. Se espera también que la demanda por automóviles alcance la cifra récord de 13.8 millones de vehículos este año, impulsada por crédito inusualmente barato a plazos más largos. El empleo se ha recuperado. Finalmente, se hace presente el entorno para que las tasas de interés emprendan un largo camino de regreso.

A diferencia de lo que ocurrió en la década de los treinta, cuando después del colapso bursátil de 1929 ocurrió la Gran Depresión, la fortísima crisis de 2007 tuvo un impacto mucho menos devastador, aunque ciertamente significativo. Falta ver el siguiente capítulo. La fuerte demanda por automóviles, por ejemplo, no se repetirá. Mucha demanda este año fue compra anticipada de 2016 o 2017, que aprovechó ofertas irresistibles. Mucha de la demanda por inmuebles no responde a necesidades de vivienda o a cambios demográficos. Rentabilizar esas “inversiones” no será sencillo.

Con la inversión en capacidad industrial ha pasado lo mismo. Muchas empresas aprovecharon la abundancia de crédito para expandir capacidad, a pesar de una débil evidencia de mayor demanda, ahora además menguada por la desaceleración en economías emergentes, 55 por ciento de la mundial, que será un lastre por años.

La posibilidad de una gran crisis quedó atrás, pero seguiremos inmersos en el letargo quizá por una década. Habrá que ir digiriendo los edificios construidos y la infraestructura creada porque simplemente había mucho dinero disponible.

La pregunta esencial es si inicia el alza demasiado tarde. Recientemente, en una mesa de análisis económico transmitida por radio, los cuatro otros participantes defendían que la Fed no aumentaría tasas la semana que viene porque no hay inflación y la recuperación económica estadounidense ha sido demasiado tibia. Tienen razón, lo ha sido. Pero ese no es el único criterio para aumentarlas. Hay dos más.

Primero, el Banco Central estadounidense tiene que ir construyéndose un colchón que le permita tener un arma de política monetaria de la cual echar mano en la siguiente recesión que, si los ciclos económicos se comportan normalmente, está a la vuelta de la esquina. Larry Summers, exsecretario del Tesoro y expresidente de Harvard, dice que ésta ocurrirá antes de que puedan construirlo. Segundo, más años de dinero “gratuito” garantizaría la formación de nuevas burbujas, potencialmente peligrosas.

Gradualmente se tendrá que normalizar la “curva” en el mercado de bonos. Es importante regresar a los días en los que la tasa ofrecida para una inversión de largo plazo era mayor a la de mediano plazo y ésta mayor que la de corto plazo. No ha sido así, las tasas planas provocan que mucho capital simplemente se mantenga a la vista. Este es un problema importante para rentistas, aseguradoras o fondos de pensiones que necesitan invertir recursos a plazos más largos y a tasas mayores.

Por otro lado, ocurre algo absurdo. Las valuaciones de empresas privadas, no listadas en bolsa, son mayores que las de empresas que sí lo están. Esto refleja no sólo una desesperación de inversionistas que buscan rendimiento, sino el hecho de que muchos de los que están en mercados privados, intrínsecamente más complejos y riesgosos, simplemente no entienden lo que están haciendo.

Nunca en la historia ha habido tanta liquidez en los mercados financieros. Todos los bancos centrales de países industrializados imprimieron dinero en forma sin precedente. Aumentó la oferta, y el precio de éste (la tasa de interés) se colapsó. Llevamos casi diez años acumulando distorsiones en la asignación de capital a proyectos y mercados, y golpeando a ahorradores. Aun cuando difícilmente veremos alzas consecutivas o agresivas, el proceso de normalización provocará volatilidad. Sabremos, incluso, si ya se formaron burbujas en algunos mercados.

Como decía Alan Greenspan: cuando baje la marea sabremos quién nada sin traje de baño. A ver si no resulta que estamos en un campo nudista.

Twitter: @jorgesuarezv

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