Opinión

Calma en la SHCP tras decisión de Moody’s

 
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Pemex. (Bloomberg)

Si hay un estado de ánimo que logra describir con fidelidad las sensaciones y el ánimo que se experimentaron ayer en la Secretaría de Hacienda tras la decisión de Moody’s de poner en perspectiva negativa la calificación ‘A3’ de la deuda soberana de México, lo correcto es decir que hubo calma. Tranquilidad.

¿Por qué esta calma, esta tranquilidad? En primer lugar hay que decir que Moody’s ratificó la calificación de deuda. Esto es algo muy importante, porque implica que sigue creyendo lo mismo que creía en febrero de 2014, cuando elevó la calificación mexicana al terreno de las “A”. Esta ratificación se suma a lo que hicieron Standard & Poor’s y Fitch, quienes también confirmaron sus calificaciones en diciembre y en febrero pasados (en BBB+ ambas).

Lo que cambió Moody’s ayer fue la perspectiva, que equivale a elevar una banderita y decirle a la comunidad inversora que existe por ahí un tema a ser atendido. ¿Cuál es ese tema? Pemex, que podría representar un riesgo para las finanzas públicas derivado de los constantes precios del petróleo muy bajos.

Hay sin embargo otro tema a considerar, que nuevamente es externo y no tiene nada que ver con el manejo macroeconómico realizado por la autoridad fiscal. Se trata de la posibilidad de que disminuya la actividad económica como consecuencia de un entorno volátil y complejo. Este entorno podría hacer más difícil los esfuerzos del gobierno de Enrique Peña Nieto para reducir su déficit.

La calificación de deuda es algo muy importante para los países. México tiene en este momento las calificaciones más altas de su historia y sigue siendo un lugar seguro para invertir. Debe recordarse que a todos los mexicanos debería importar este tema, porque el dinero de nuestras Afore, fondos de inversión y otros tipos de cuentas bancarias está invertido en muchos instrumentos financieros (bonos de deuda) emitidos por el gobierno federal y calificados por firmas como Moody’s, S&P o Fitch.

Moody’s bajó ayer la calificación de la deuda de Pemex. La dejó en el nivel Baa3, que refleja la dificultad de la empresa por invertir y recuperarse de una caída de sus niveles de producción. Esto es en el fondo una buena noticia, pienso, porque obligará al gobierno y a la empresa a tomar decisiones veloces para que la deuda de Pemex no contagie al gobierno federal. Es altamente previsible que todo el espectro de influencia de Pemex (colaboradores, ingenieros, empresas proveedoras, estados de la República con sus plataformas, etcétera) tengan que tomar decisiones dramáticas durante los siguientes cinco o seis meses. A renovarse.

Pemex ya no requiere una cirugía mayor, sino el trasplante de un órgano vital y medicamento para evitar una septicemia.

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