Opinión

Calidad y competitividad

En días recientes es muy frecuente escuchar declaraciones de expertos que aseguran la posibilidad y hasta necesidad de que nuestro país recupere su potencial manufacturero, atrayendo inversiones que hace algunos años se fueron para China, con el argumento de los bajos salarios. Esto ha cambiado en aquella economía y ahora los salarios ya no son tan competitivos como solían serlo, en especial porque hasta cierto punto se ha detenido la incorporación de nuevas empresas y nuevos trabajadores, a los que se les ofrecía un salario muy bajo, que era muy atractivo debido a que la ocupación alternativa para casi todas esas personas era prácticamente el desempleo. De hecho estamos viviendo una bonanza en algunos sectores, en lo que respecta a nuevas inversiones y hasta ahora no ha habido queja de escasez de mano de obra, dado el grado de subocupación que tiene nuestra fuerza de trabajo, aunque si nos ponemos exigentes en cuanto a la calidad de la mano de obra, podríamos empezar a enfrentar ciertos problemas. Aquí empiezan los problemas de calidad que se perciben en muchas áreas de la economía mexicana.

El instituto que se especializa en estudiar este tema ha identificado, casi hasta el nivel de entidades federativas, los problemas que merman la competitividad de la economía mexicana. Destaca, luego del sector educativo y el sector salud, los encargados de mantener por lo menos en forma a nuestro capital humano, la calidad de los servicios gubernamentales. Quien sea que tenga como objetivo hacer un trámite en alguna oficina de los tres niveles de gobierno puede constatar esta afirmación, aunque la situación se exacerba en aquellos en los que los mandatarios cambian cada tres años, que son los municipios. La práctica común es que la nueva administración reemplaza, en el mejor de los casos, al personal antiguo y contrata nuevos, quienes se encargan de desechar todo lo existente hasta ese día, diseñan sus propios formatos y procedimientos y cuando el personal antiguo no es reemplazado, las nuevas capas que se añaden pierden tiempo muy valioso en grillar y cuidarse de la grilla. Así ni quien sea productivo y competitivo.

Luego seguimos con los servicios públicos, cuya calidad deja mucho que desear, que por la necedad del gobierno de producir y ofrecer bienes privados en condiciones de bienes públicos, sólo logra desperdiciar recursos, ofrecer servicios y bienes de mala calidad y en cantidades limitadas, lo que afecta la competitividad del país. Las cosas empeoran cuando incluimos en esta lista de servicios y bienes de mala calidad, todo lo que ofrecen los monopolios o grupos privados que tienen preponderancia de mercado, lo que les permite fijar precios. Esto merma la competitividad de dos formas: primero, por sus precios de venta más elevados que en condiciones competitivas y segundo, porque al no tener competencia no tienen que innovar y estar tecnológicamente a la vanguardia, lo que hace que permanezcamos rezagados y consumiendo bienes y servicios de calidad deplorable. Los ejemplos específicos se los dejamos a los amables lectores, para que hagan su lista y vean que no es nada difícil identificarlos.

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