Opinión

Calidad democrática en América Latina / I

El panorama del estado actual de la democracia en América Latina es mixto. Por una parte, casi todos los países de la región han protegido los cimientos de la democracia electoral y respetado los mecanismos de transmisión pacífica del poder. Por otra parte, la calidad de la gobernanza (la forma de ejercer el poder público) sigue siendo baja y ha empeorado en varios países. América Latina reprueba en materia de calidad democrática y buen gobierno.

En términos de elecciones, América Latina está mejor que hace 15 años, pero en algunos países las condiciones de la competencia han empeorado. Hay elecciones periódicas y mayores libertades y se ha logrado desterrar, a pesar del caso de Honduras en 2009 o Venezuela en 2002, la tentación de usar la violencia y los golpes de Estado para subvertir el orden democrático. No obstante, las condiciones de competencia en países como Venezuela o Nicaragua han empeorado significativamente en los últimos años.

Pero más allá de los buenos indicadores de la democracia electoral, la región está igual o ligeramente peor que hace 15 años en otros indicadores de calidad democrática. De acuerdo a los indicadores de gobernanza del Banco Mundial (estabilidad política, Estado de derecho, eficacia de gobierno, control de la corrupción, calidad regulatoria y rendición de cuentas), la región muestra niveles precarios en casi todos. Ciertamente los casos paradigmáticos de éxito en cuanto a calidad democrática siguen siendo Chile y Uruguay, que en todos los rubros muestran niveles muy satisfactorios. Pero fuera de ellos, el resto muestra números medianos o bajos.

El Estado de derecho es el rubro peor evaluado en la región. Esto es muy grave porque la legalidad es la piedra angular para que una democracia sea liberal, sólida y consolidada. Sin Estado de derecho las democracias sucumben y adquieren tintes populistas, demagógicos o autoritarios. En esta materia sólo Colombia ha mejorado de manera significativa en la última década. En contraste, hay casos de enorme deterioro según el Banco Mundial, entre ellos Bolivia, Venezuela, Argentina y Ecuador. Por su parte, los dos gigantes del subcontinente, Brasil y México, se ubican en los cuadrantes de desempeño mediano y bajo.

Una de las consecuencias de la falta de Estado de derecho es la impunidad y la corrupción. Parece una contradicción teórica que haya más democracia pero que la corrupción se mantenga enraizada y en algunos casos haya aumentado.

Parece un contrasentido que la mayor libertad de expresión no se haya traducido en gobiernos más honestos. Dicho de otra manera: la libertad de expresión, los mayores equilibrios de poderes y la creciente presencia de la sociedad civil han sido insuficientes para mejorar el Estado de derecho y combatir la corrupción en la región.

Salvo Chile, Uruguay, Puerto Rico y Costa Rica, el resto de los países están en la franja de países corruptos, según datos de Transparencia Internacional. Perú, México, Argentina, Brasil y Venezuela, por ejemplo, han empeorado, así sea de manera moderada, en sus indicadores de corrupción, mientras que sólo Guatemala, Colombia y Uruguay muestran mejorías marginales en la última década.

Otro indicador que genera alerta es la violencia de la región. La tasa de homicidios es de las más altas del mundo. Aunque Colombia es el caso emblemático de éxito en la lucha contra el crimen organizado, sus niveles siguen siendo muy altos en el mundo y en la región. Otros países como Honduras, El Salvador, Brasil y Venezuela muestran niveles muy altos de homicidios. México es el caso más visible de un país que se percibe propenso a la inestabilidad, a pesar de que sus tasas de homicidio son menores que otros países. Quizá por la crueldad y estilo sanguinario de los grupos del narcotráfico y porque las tasas de ejecuciones aumentaron mucho entre 2008 y 2011, México es el caso más visible de violencia en la región.

Esta primera radiografía del estado de la democracia en América Latina muestra que muchos problemas que México padece son endémicos en la región. También muestra que mientras la región no mejore la calidad de sus instituciones políticas, seguirá siendo una zona olvidada e irrelevante a nivel mundial. Brasil, que en la década pasada fue celebrado como una potencia económica emergente, hoy está siendo olvidado de los mercados internacionales. Tuvo mucho crecimiento, pero sigue siendo corrupto, inseguro y con problemas en la provisión de servicios públicos.

Ojalá México logre cambios profundos para que a pesar de ser parte de América Latina, nos distingamos por la calidad de nuestras instituciones democráticas, sobre todo en materia de estado de derecho y combate a la corrupción. Por lo pronto, ninguno de esos dos temas son prioritarios en la agenda nacional.