Opinión

Calentando motores

 
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toreros

La temporada taurina invernal en México ha comenzado con triunfos y con muy buenas entradas en plazas como Aguascalientes, Tlaxcala, Morelia, Monterrey y Guadalajara. Se respira rivalidad, competencia y amor propio en los toreros. La gente quiere toros. El deseo de sentir emociones no meditadas, no prejuzgadas ni mecanizadas, es una de las formas de sentirnos vivos; en resumen, dejar que el arte nos mueva el alma y el cuerpo.

La plaza Nuevo Progreso el pasado domingo vivió una tarde de toros llena de emoción, arte y triunfo, una de esas que crean y afianzan la afición a los toros, un festejo en el que el análisis frío y descarnado de los “expertos” no tuvo cabida, simplemente porque imperó la pasión, fluyó el arte y la entrega de los toreros llenó la plaza de magia taurina.

Hubo un cartel conformado por tres mexicanos: Fermín Rivera, Joselito Adame y Octavio García El Payo, ante toros del hierro de Santa Fe del Campo, propiedad de Juan Diego Gutiérrez Cortina, quien envió un encierro muy bien presentado que dio muy buen juego y permitió a los toreros disfrutar el toreo, siendo el segundo de la tarde, de nombre “Recuerdo”, un toro precisamente para el recuerdo, por ser al segundo astado al que le corta dos orejas y un rabo Joselito Adame en la exigente plaza de Nuevo Progreso, de Guadalajara.

Aquí lo importante no es si la faena era de rabo o no, sino que el juez se emocionó a tal grado que premió la faena inmediatamente con las dos orejas y el rabo, lo que a gran parte de la afición tapatía no le pareció correcto, más por el impulso que por la valoración de la faena, que tuvo momentos de altísimo grado de emoción, con la gente de pie en los tendidos.

La tauromaquia mantiene la premiación a los toreros por medio de orejas y rabo, hecho que se deriva como simbolismo respecto a los inicios de la estructuración de la fiesta; antes la monarquía premiaba a los toreros de a pie con la carne del toro lidiado, para su consumo familiar, y hoy en día las orejas y rabo son una mera alegoría que por lo general se desarrolla dentro de apasionados debates entre los aficionados.

El domingo quedaron muy claros varios temas, el primero es que la fiesta está viva. La presencia de muchos jóvenes en los tendidos es sinónimo del interés que la cultura de la tauromaquia despierta en los mexicanos una vez que se conoce de primera mano, dejando a un lado mentiras y leyendas urbanas que los antitaurinos se han dedicado a difundir. Al momento en el que un joven vive las emociones de una corrida de toros, en su mente se aclaran muchas cosas; puede volverse aficionado o no, pero genera un criterio propio.

Otra de las cosas rescatables de la tarde fue el gran nivel taurino mostrado por los toreros mexicanos. Bienvenidas las figuras internacionales, dan glamour y categoría, pero siempre y cuando respeten nuestra fiesta y lleven gente a los tendidos.

El agarrón que se dieron (taurinamente hablando) Joselito Adame y El Payo, es digno de difundir. Son toreros prácticamente de la misma generación, ambos iniciaron su formación taurina desde niños, y hoy son toreros cuajados, con personalidad propia, junto a un nivel taurino apto para cualquier plaza de toros del mundo y para alternar con las máximas figuras del toreo a nivel internacional. Dos orejas y un rabo para José, y dos orejas para El Payo, les permitieron salir a hombros en un claro mensaje a la afición: “aquí estamos y somos capaces de llevar las emociones al más alto nivel taurino”.

Aprovechemos esta camada de grandes toreros mexicanos, todos jóvenes, muchos cuajados, y otros con un presente sólido y un estupendo futuro. Disfrutemos de su rivalidad y la pelea que le dan a las Figuras extranjeras, estemos orgullosos de ellos y apreciemos como aficionados el momento que nos ha tocado vivir, no esperemos 10 años para darles el justo valor.

Esto apenas comienza, nos espera un invierno rico en tauromaquia y emociones. Apoyemos desde el tendido, disfrutemos, exijamos y seamos orgullosos de lo que somos como país.

Twitter: @rafaelcue

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