Opinión

Cabos sueltos sobre el caso Moreira

 
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Humberto Moreira

Muy temprano, el pasado viernes 15 de enero una noticia procedente de España, por lo sorpresiva que fue, sacudió al país. En el caso de Coahuila, como fácilmente se comprenderá, cayó como bomba y tuvo literalmente los efectos de ésta. Sin perder objetividad, puedo asegurar –porque me consta y de ello doy testimonio- que ese fin de semana en el estado la inmensa mayoría de la gente, de todos los estratos sociales, se veía contenta, satisfecha, alegre.

En notorio contraste, el oficialismo hizo mutis, no halló dónde meterse.

Los diputados priistas tan proclives a declarar conforme al guion que les ordenan, se escondieron; el gobernador permaneció oculto y sin decir esta boca es mía durante casi tres días; la reunión del consejo político estatal del PRI muy anunciada para celebrarse en Torreón ese fin de semana, se canceló. Los mariachis callaron.

¿A qué obedeció la generación de tan contrastantes estados de ánimo?

Adivinó usted: a la detención ese viernes 15 en el aeropuerto de Madrid del expresidente nacional del PRI y exgobernador de Coahuila Humberto Moreira, hermano del actual gobernador del mismo estado.

Fue aprehendido bajo los cargos de blanqueo de capitales, malversación de caudales públicos, cohecho y organización criminal, según informaron las fuentes de aquel país una, otra y muchas veces.

El sujeto a proceso, que aún lo está y en modo alguno exonerado como insisten en afirmar él y sus corifeos, permaneció detenido una semana y luego excarcelado. Apenas recuperó su pasaporte que previamente le había sido retenido, y literalmente tomó el primer vuelo, salió tan rápido como pudo hacia México, donde sus cómplices lo arropan. Tan intempestiva fue su salida de España que hasta olvidó recoger su teléfono celular y otros objetos personales. En fin, su rápida salida más pareció huida.

Hay sin embargo en este caso, que sería chusco de no ser trágico, una serie de cabos sueltos que deben ser debidamente analizados, valorados y objeto de una explicación razonable y sensata. Son al menos cuatro.

El primero, verdaderamente de chunga, o al menos con esta impresión nos quedamos, consiste en descifrar por qué la Policía Nacional de España luego de la detención de Moreira informó “#misión cumplida”, como lo hizo exactamente una semana antes Peña Nieto cuando dio a conocer la recaptura del Chapo Guzmán. Además de la evidente burla al ridiculizar al presidente mexicano, es claro que se trató de un mensaje. ¿A quién se envió éste y en qué consistió?

El segundo cabo, aunque en apariencia no tan suelto, consiste en dar un marco de referencia a la declaración, en gira por el extranjero y sin que los representantes de los medios que la cubrían la hubieran solicitado, hecha por Peña Nieto durante los días en que Moreira estaba detenido, de haber dado instrucciones a la titular de la PGR de dar inicio y celeridad a la extradición a Estados Unidos del Chapo Guzmán.

Tercera cuestión, que pasó inadvertida por la prensa nacional: El 19 de enero el presidente del PAN en Coahuila, Bernardo González, solicitó a la Unidad de Atención Ciudadana del Poder Judicial de España incluir en su investigación contra Moreira la obtención de elementos sobre el delito de malversación de caudales públicos. Tres días después, por la misma vía, el solicitante recibió respuesta en el sentido de no poder intervenir como lo plantea, toda vez que “las autoridades españolas han actuado a instancia de un Tribunal de Estados Unidos, donde se sigue el procedimiento judicial, no en España”

Asimismo, el gobierno mexicano debe aclarar si es cierta, o no, la noticia del diario madrileño El País, en el sentido de haber solicitado a la justicia española le informara cuánto tiempo podría durar el secreto del sumario y la fase de instrucción contra Moreira, lo cual sorprendió, ya que “ningún país se interesa de manera oficial por la suerte y detalles de personas investigadas por presuntos delitos criminales y sobre la que, además, no recae petición de extradición”.

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