Opinión

Buscando el recorte

 
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[Este viernes, el peso retrocedió 0.21% frente al dólar. /Arturo Monroy] 

Desglosar las finanzas públicas no es tarea fácil. Son billones de pesos, catalogados de formas distintas para agrupar miles de rubros. Se pueden comparar los ingresos contra los gastos, podemos analizar si gastamos más o menos que el año previo o podemos evaluar el gasto ejercido frente a lo que se había presupuestado.

Dado que existen diversos ángulos desde los cuales podemos analizar las cuentas del gobierno, la claridad en los términos usados se vuelve fundamental. En 2015, el gasto total del gobierno fue de 4,892.88 miles de millones de pesos (mmp). En 2016, usando la información que presenta la Secretaría de Hacienda en los informes de finanzas públicas, se gastaron en total 5,343.76 mmp. El incremento nominal fue 9.22 por ciento, pero el incremento real, es decir, ya contando el impacto de la inflación, fue 6.20 por ciento. En este análisis muy burdo, sobra decir que no hubo recorte.

Quizás no es justo hacer esa comparación. De entrada, el gasto sobre el que se pueden hacer recortes es un monto menor al total, porque parte importante del gasto son compromisos financieros para el pago de intereses sobre deuda o participaciones a los estados y municipios. De todo el gasto que hace el gobierno, solo puede hacer recortes sobre la parte “programable”. El gasto “no programable” está de inicio ya comprometido. Entonces, tal vez, el recorte se encuentre en la parte programable, sobre la cual el gobierno sí tiene injerencia. En 2015, el gasto programable fue 3,826.60 mmp. En 2016, este gasto fue 4,160.37 mmp. El incremento real entre ambos años fue 5.7 por ciento. Viéndolo de esta forma tampoco hubo recorte.

Con nuestra dinámica actual de gasto y endeudamiento, es prácticamente imposible lograr recortes en la parte no programable del gasto. El gasto no programable aumentó 7.9 por ciento ya descontando el efecto inflacionario. Los recursos que tuvimos que asignar a cubrir el costo financiero de la deuda se incrementaron 12.7 por ciento. Las participaciones otorgadas a los estados y municipios aumentaron 7.2 por ciento.

Probablemente tengamos que buscar el recorte en otro lado. Hay que analizar lo que se presupuestó inicialmente frente a lo que efectivamente se ejerció. El Presupuesto de Egresos de la Federación planteaba un gasto para 2016 de 4,139.96 mmp. Se ejercieron 4,708.88 miles de millones. Un incremento de casi 14 por ciento.

Durante el transcurso de 2016 se anunciaron recortes que sumaban 164 mmp en áreas específicas. Por ejemplo, a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes se le había asignado un presupuesto de 105,217 millones de pesos. Después se le aplicó un recorte de 14,428 millones. Acabó gastando 127,536. Más de lo que se le había asignado inicialmente y por supuesto más de lo que le había quedado después del ajuste anunciado.

Podemos ir dependencia por dependencia o ramo por ramo. La única forma de ver algunos recortes es verlo así. La Secretaría de Salud sí gastó menos de lo asignado inicialmente. De su asignación post-recorte gastó 1.5 por ciento menos.

La Procuraduría General de la República también gastó menos de lo inicialmente presupuestado, así como el poder legislativo y el judicial. El INE gastó menos, al igual que la CNDH, la Cofece, el IFT y el IFAI. La Secretaría de Desarrollo Social gastó 2.8 por ciento menos de su presupuesto ajustado tras un recorte.

Los recortes son casos específicos. No hay un patrón claro en la reducción de gastos. Quizás no debería de haber un recorte parejo. Los recortes tienen que atacar áreas en las que el gasto es obeso y superfluo. Pero a nivel agregado, es importante señalar que el gasto ejercido por encima del presupuesto o del ejercido en el año anterior, cancelan cualquier recorte significativo.

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público gastó 19,074 millones de pesos por arriba de su presupuesto aprobado tras el recorte, 67.3 por ciento más.

Presidencia de la República 85 por ciento más. La Secretaría de Relaciones Exteriores, que seguro enfrentó retos particulares el año pasado y que continuarán este año, gastó 58.3 por ciento más de lo que se le había asignado en el presupuesto para 2016.

Podemos seguir buscando algunos recortes por aquí y otros más por allá. Pero mientras no haya una intención real de corregir las finanzas públicas particularmente por el lado del gasto y la deuda pública siga creciendo al ritmo al que lo ha estado haciendo, nos estamos poniendo al borde del precipicio. El entorno externo pondrá al país en una situación difícil, pero nuestra situación interna, esa que sí podemos controlar, nos está haciendo tambalear.

La autora es profesora de Economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter:@ValeriaMoy

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