Opinión

'Burnt': alcanzar una estrella

 
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Burnt.

En 2003, Bernard Loiseau, chef del celebrado La Côte d’Or, se disparó en la boca con un rifle después de que representantes de la guía Michelin le advirtieran que su restaurante estaba en riesgo de perder su tercera estrella, el máximo reconocimiento que otorga la guía. El año pasado, Pierre Siue, gerente del restaurante Daniel, declaró a Vanity Fair que su equipo lloró por un día cuando le quitaron la misma condecoración. Ese es el peso que algunos chefs –muchos de ellos de origen francés, asegura Anthony Bourdain– dan a las distinciones de Michelin.

En Burnt, Adam Jones (Bradley Cooper) es uno de esos chefs. Un Loiseau en potencia, lo único que desea es que su nuevo restaurante londinense reciba tres estrellas. Después de perder su trabajo en un renombrado local parisino y de gastar una fortuna en drogas y alcohol, Jones vuelve de su exilio en Estados Unidos, dispuesto a reclutar a su equipo y desbancar a Reece (Matthew Rhys), un antiguo rival. Antipático, iracundo y megalómano, Adam delega y cocina como si marinar un pato fuera tan importante como hallar la vacuna contra el cáncer. Lo único que parece darle alegría es probar y escoger nuevos ingredientes en mercados. En ese sentido, Adam Jones no está lejos de Chris Kyle, el francotirador que Cooper interpretó en American Sniper, un inadaptado que sólo se sentía cómodo en la guerra. Con la salvedad de que, en Burnt, Bagdad es la cocina.

Burnt
Año: 2015
Director: John Welles
País: Estados Unidos
Productores: Stacey Sher, Erwin Stoff
y John Wellsasdm
Duración: 101 minitos
Cines: Cinemex

Las metas de Adam por momentos resultan de una frivolidad que encajaría mejor en una comedia al estilo The Devil Wears Prada, donde escoger el vestido adecuado para una modelo era un asunto de vida o muerte. Sin embargo, aquí todos se toman su trabajo con aplastante solemnidad. ¡Cómo se antoja un contrapunto crítico, alguien como Bourdain que le invite un té de tila a Adam y le explique que el mundo no deja de girar si un cubo de foie gras no tiene las dimensiones correctas! A cambio nos toca Emma Thompson como la doctora Rosshilde, obligada a tomar pruebas de sangre para comprobar la sobriedad de Adam y dispensando reflexiones para el atribulado chef. La terapia estorba por innecesaria. ¿De veras necesitamos saber que Adam está obsesionado con la perfección?

Estos interludios psicoanalíticos con Thompson recalcan otro lastre.

Burnt está tan enfocada en el pasado de su personaje que no se entiende por qué el escritor Steven Knight decidió narrar esta parte de la vida de Adam y no su descenso apocalíptico, dos años atrás, como protegido de un chef legendario en París, donde se hizo de más enemigos que Julian Assange.

La película abre el apetito y la pupila, con una cámara tan enamorada de la comida como Adam y con un ritmo ágil y atractivo, sobre todo en las secuencias que se desarrollan en la cocina del restaurante. También refresca ver a un actor como Cooper, al que el cariño del espectador le tiene sin cuidado. Adam es áspero por dentro y por fuera: un hombre intragable que curiosamente prepara la mejor comida. Entiendo que él, como Loiseau y el equipo de Daniel, se tome tan en serio. Ojalá estuviera en una película que lo observara con una pizca de ironía.

Twitter: @dkrauze156

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