Opinión

Buenos para el debate, malos para la gestión

Usted lleva años acariciando la idea de poner un restaurante. Un buen día se anima. Al tramitar los permisos para hacer la obra de repente se atora: el Gobierno del Distrito Federal le pide los planos de construcción, que datan de 1951, de la casa que ya tiene permiso de uso comercial y donde usted tiene años operando. Quieren saber si el inmueble está catalogado o semicatalogado o no catalogado. Pero ocurre que esos planos los tiene en su poder la autoridad (¡!). Cuando por fin usted logra saltar ese obstáculo, le cae la delegación: le clausuran –“es que tenemos que hacer como si nos estuviéramos poniendo severos”–, le explica el funcionario que sin eufemismos le pide lana y le explica que hay un tabulador: si quieres que te quite la clausura en una semana, es tanto. ¿Es caro? Pagas menos pero abrirás en 15 días. ¿Te sigue pareciendo mucho? Una tarifa más modesta hará que pares un mes.

¿Otro caso? El otro día a un joven chef le cerraron su negocio porque su restaurante “tenía menos metros cuadrados de los que tenía permitidos”. Leyeron bien, lo clausuraron por tener menos, no más.
Estos casos son de gente que conozco y no se dan más datos para evitar eventuales represalias de funcionarios del Distrito Federal, bien sea del Gobierno central o de las delegaciones. No es novedad escuchar que tal negocio está atorado porque le están pidiendo una 'mordida', pero no por ello debería ser cosa menor, sobre todo ahora que el gobierno de Miguel Ángel Mancera, y tras él el Partido Acción Nacional, quieren embarcar a toda la nación en un debate para aumentar al salario mínimo.

Porque nuestros políticos prefieren (les encanta) discutir iniciativas en vez de gestionar realidades. Gracias a su secretario de Desarrollo Económico, Salomón Chertorivski, Mancera ha logrado anotarse un tanto en el escenario nacional. El jefe de Gobierno ha tenido una idea: discutamos el salario mínimo, ha dicho. Enhorabuena por Salomón y por Mancera. Ya los expertos nos inundarán de los pros y los contras de aumentar el exangüe minisalario. Yo en cambio propongo que paralelo a ese debate, los políticos que tengan en sus manos algo más que argumentos ayuden a corregir lo que no requiere de foros o mesas, sino de bastante imaginación, aun más de determinación y un poco de habilidades gerenciales.

¿Qué tal que Mancera nos diga cuándo realmente habrá en la ciudad un transporte público eficiente y, sobre todo, seguro? Porque la gente que menos gana es la misma que padece los semanales robos en peseros y camiones. Y es la misma que invierte al menos cuatro horas diarias en transportarse. Otros puntos para la agenda de lo que sí pueden hacer en el DF: ¿ya funciona sin corrupción la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, esa donde pululan los golpeadores? ¿Ya pararon las extorsiones de mafias sindicales que llegan a clausurar negocios? ¿Un 'changarro' ya no tiene que cooperar con la policía para que no le toque la “mala suerte” de ser asaltado?

Qué bueno que Mancera abogue por mejores minisalarios. Ojalá no se pierda en el éter del debate y le quede tiempo para procurar derechos ya establecidos de los trabajadores y de quienes intentan crear empleos en el DF, sobre todo ahora que el PAN, extraviado como está, se ha lanzado en esto de los salarios mínimos, olvidando no sólo que la iniciativa privada le, vota sino que en 12 años en el poder nada hizo por esos asalariados.