Opinión

Brexit, Trump y el ciudadano del mundo enojado

   
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Trump

¿Qué tiene en común el ciudadano inglés que votó por salir de la Unión Europea, el estadounidense que sigue a Donald Trump, e incluso los electores mexicanos que rechazaron al partido en el gobierno en la pasada elección del 5 de junio?

Un incierto presente y futuro económico y su consecuente frustración con el gobierno en turno. Hartazgo social y una buena dosis de indignación hacia las clases políticas pagadas de sí mismas.

En el Reino Unido, los barcos de los pescadores de Cornwall ondean banderas con la leyenda “Queremos de vuelta nuestras aguas. Vota por la salida.” Para estos pescadores, sus vecinos europeos entran a aguas británicas a robar sus recursos. Su solución consiste en volver a levantar las fronteras de la isla. Para los brexiters conservadores, retomar el control de las fronteras es indispensable. Los más radicales como Nigel Farage, líder del partido antieuropeo, sostienen que el primer ministro David Cameron perdió el control de la migración. Durante su campaña electoral prometió una tasa anual de inmigración de menos de 100 mil personas; tan sólo el año pasado llegaron 330 mil migrantes.

El Reino Unido es el segundo destino de inmigrantes dentro de la Unión Europea después de Alemania. La mayoría llega en busca de trabajo del sur y este de Europa. Además está el factor humanitario. Las solicitudes de asilo han rebasado las 30 mil, la cifra más alta en la última década.

Los conservadores molestos por las altas tasas de inmigración han promovido un discurso que culpa a los inmigrantes de la caída del salario, del desempleo y la baja calidad de los servicios públicos. Y han arremetido contra la Unión Europea y su acuerdo de movilidad de personas conocido como Schengen. Gracias a este acuerdo, los europeos o bien los refugiados aceptados en Europa pueden legalmente acceder al Reino Unido.

En conclusión, el debate sobre el Brexit no ha sido sobre los pros y contras económicos de permanecer o no en la Unión Europea; más bien se tornó en una acalorada querella sobre cómo retomar la soberanía para erigir nuevas fronteras e impedir la llegada de inmigrantes.

En el país vecino del norte la campaña electoral ha evidenciado a un estadounidense enojado, arremetiendo contra el establishment de Washington a través de su apoyo a candidatos insurgentes y populistas. Estamos presenciando un renacimiento de los inconformes e indignados, quienes se sienten 'atendidos' por las propuestas populistas y simplistas de Bernie Sandesr y Donald Trump.

Como señala Francis Fukuyama en su reciente artículo en Foreign Affaris,“un gran número de electores en ambos lados del espectro ideológico se han levantado en contra de lo que ven como un establishment corrupto, pagado de sí mismo, y han decidido seguir a insurgentes con la esperanza de una limpia purificadora”. 

Trump, al igual que los brexiters, ha descorrido el telón del odio y del racismo. Con el apoyo de una mayoría blanca sin educación y empobrecida, ha arremetido contra los inmigrantes indocumentados llamándolos genéricamente “mexicanos” e insultándolos como “violadores.” Particularmente alarmante ha sido la revelación que un sector considerable de estos blancos empobrecidos presenta tasas de mortalidad en ascenso debido a suicidios y a un incremento desmedido en consumo de alcohol y drogas.

Como los antieuropa del Reino Unido, Trump promete erigir una frontera infranqueable con México. En Europa no sólo el Reino Unido está convulso. El año pasado fue difícil para Francia, la tercera economía regional, después de Alemania y el Reino Unido. Un raquítico crecimiento del 1.3 por ciento del PIB y enorme desempleo, fue aprovechado por la insurgente de ultra derecha Marine Le Pen, cuyo partido, el Frente Nacional, ganó claramente las elecciones regionales con cerca de 30 por ciento del total de votos. En Austria, por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la ultraderecha estuvo a punto de ganar con Norbert Hofer —antiinmigrante y euroescéptico— bajo el lema “Austria primero”.

Los mexicanos evidenciamos nuestro enojo en las pasadas elecciones en que el PRI-gobierno perdió siete de las doce gubernaturas en juego. Cuatro de estos estados habían sido gobernados por el PRI por más de 80 años ininterrumpidos: Durango, Quintana Roo, Veracruz y Tamaulipas. Esta misma semana nos enteramos de las renuncias tanto del líder del PRI, Manlio Fabio Beltrones y de Agustín Basave, del PRD.

La última encuesta publicada por EL FINANCIERO del miércoles pasado señala que Andrés Manuel López Obrador encabeza las preferencias para la presidencia en 2018. Con una revitalizada insurgencia, en sus anuncios promocionales espera justamente lo que millones de mexicanos reclaman al gobierno, corrupción y desviación de recursos públicos para beneficios privados.

Hay un fantasma recorriendo el mundo —indignación y rechazo a las clases políticas tradicionales—. Pero las alternativas que proponen los brexiters, Trump y Le Pen serían, simplemente, devastadoras.

Twitter: @RafaelFdeC

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