Opinión

Banxico cortó por lo sano

 
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Banxico: cortó por lo sano.

Dice el refranero mexicano que “cortar por lo sano” significa una solución drástica y que no deja resabio.

El símil es un miembro gangrenado. No basta cortar la gangrena, el corte debe llegar hasta lo sano para que garantice que todo el mal se quita.

No importa que la inflación se ubique en 2.6 por ciento. Hay riesgo de que la cifra rebote. Por eso, aunque el mal no lo tengamos, nos vacunamos para que no nos vaya a llegar.

El tema es polémico. Yo no creía que se fuera a usar ahora la artillería que se usó.

Pero no sólo era yo. Sólo cinco de 27 instituciones encuestadas por Bloomberg pensaban que habría un incremento de medio punto en la tasa.

No sé si la votación de los integrantes de la Junta del Banxico fue unánime. No sé si valoraron bien a bien los efectos secundarios de la medicina que se va a suministrar. No sé si ellos tienen información de la cual carecemos otros.

El hecho es, en promedio, cuatro de cada cinco analistas fueron sorprendidos.

De acuerdo con el comunicado de Banxico, la decisión fue esencialmente preventiva.

En el lenguaje de banquero central dicen: “se busca evitar que la depreciación de la moneda nacional observada durante los últimos meses y los ajustes de algunos precios relativos se traduzcan en un desanclaje de las expectativas de inflación en nuestro país”.

O, para seguir con los dichos mexicanos: el que con leche se quema hasta al jocoque le sopla.

No importa que el nivel de inflación efectiva esté en 2.6 por ciento, cuatro décimas por debajo del objetivo del Banco de México. Más vale aplicar ahora la vacuna.

Tiene razón el Banxico en temer. Pero creo que la principal causa no son las expectativas sino las realidades. El índice de precios productor, excluyendo petróleo, creció 5.04 por ciento a mayo.

Es decir, hay visibles presiones sobre los costos, que podrían repercutir en los precios finales en algún momento del año.

Desde la perspectiva de la estabilidad, la decisión del Banxico es intachable.

No importa cuánto impacte en el crecimiento –no es mandato de Banxico– siempre y cuando ayude a controlar la inflación.

Si estuviéramos creciendo a tasas de 2.0 a 3.0 por ciento, le diría que no importa si apretamos.

Pero, déjeme recordarle que la cifra de abril –con datos desestacionalizados para quitarle cualquier efecto de Semana Santa o algo parecido– fue de 0.7 por ciento.

A mi parecer, creo que estamos asumiendo un riesgo excesivo en materia de crecimiento.

El recorte del gasto público, el alza de las gasolinas y ahora el alza de las tasas de interés, tendrán un impacto recesivo en la actividad económica.

El problema es que ese impacto se presenta en una economía que
–con los datos de abril, reitero– viene rápidamente a la baja.

Ojalá el Banxico tenga información con la que no contamos los demás y sepa que el incremento de los costos del crédito que derivará de la decisión de ayer, tendrán efectos marginales en la actividad económica.

Si no fuera así, cuidado, porque el medicamento que suministramos para estabilizar al paciente afectado de infección devaluatoria, podría tener efectos secundarios que podrían ser peores que la propia enfermedad.

Twitter: @E_Q_

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