Opinión

Banxico, autonomía limitada y transparencia dañada

 
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ME. Banxico toma cartas en el mercado cambiario.

Las subastas masivas de dólares por parte del Banco de México no sólo están mermando la reserva internacional, sino evidenciado una falla en el diseño de su autonomía y problemas de transparencia. Ambas cuestiones son graves, porque autonomía y transparencia son pilares para que un Banco Central cumpla plenamente con su requerimiento legal.

Mucha gente pensaría que la Junta de Gobierno del Banxico toma las decisiones en materia cambiaria. Destacadamente, que vender cientos de millones de dólares diarios independientemente de las condiciones en los mercados ha sido una decisión de aquellos que encabezan el banco. Estarían equivocados. Toda medida en materia cambiaria la toma la Comisión de Cambios, formada por tres miembros del Banco de México y tres miembros de la Secretaría de Hacienda. ¿Quién tiene la última palabra en caso de un diferendo? Hacienda. Dicho de otra manera, ¿quién puede imponer acciones en materia cambiaria incluso contra la postura del Banxico? Hacienda.

Desde que se diseñó la autonomía del Banxico en 1993 (inició formalmente en abril de 1994) así se estableció. Tenía cierta lógica porque el peso flotaba dentro de una banda cambiaria. Esto es, se administraba la paridad. Dejarla fuera del control del Ejecutivo parecía excesivo, así y limitara con fuerza el margen de acción de la política monetaria (obviamente las tasas de interés tenían que tomar en cuenta mantener al peso dentro de la banda). Pero ocho meses más tarde, en diciembre de 1994, en medio de una brutal crisis económica, el peso pasó a libre flotación.

Cuando quedó claro que la flotación era el mejor sistema (y lo es), debió traspasarse la responsabilidad cambiaria al Banxico. De hecho, así lo propuso el presidente Ernesto Zedillo (quién inició su carrera en el Banxico) en 1998, pero su iniciativa de ley fue ignorada por un Congreso dominado por la oposición.

Estaba siempre el riesgo de que Hacienda (o incluso el presidente) aprovechara ese flanco débil en la autonomía, y parece que así ocurre desde marzo, cuando iniciaron las ventas diarias de dólares. El objetivo real de SHCP parece ser el acumular un remanente de ganancia por la venta que le ayude a compensar la caída del ingreso petrolero en 2016. Es curioso que el más reciente Informe Trimestral del Banxico, presentado el miércoles, dice textualmente que dichas subastas “se realizan a partir de las directrices de la Comisión de Cambios” (p. 35). Es improbable que el uso de ese lenguaje sea casual.

Pero imposible saberlo con certeza debido a la falta de transparencia. ¿Qué evento llevó a la Comisión de Cambios a sesionar? ¿Qué consideraciones externaron sus miembros al respecto? ¿Qué elementos tomó en cuenta para llegar a cierta decisión? ¿Fue una votación dividida o unánime? Todo eso es posible saberlo en el caso de la Junta de Gobierno gracias a la publicación de sus minutas. La Comisión de Cambios no es transparente ni traslúcida, sino completamente opaca.

El Banco de México ha sobresalido en décadas recientes por su éxito en el cumplimiento de su mandato constitucional, el uso excepcional de sus márgenes de autonomía y su transparencia. La política cambiaria está manchando ese logro. Lo que debería hacer el gobierno de Enrique Peña Nieto, además de ratificar a Agustín Carstens al frente del Banxico para un nuevo período, es dar plena autonomía y transparencia a la institución, renunciando legalmente al dominio que tiene en materia cambiaria.

Twitter: @econokafka

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