Opinión

Banxico 2017, encrucijada entre mayor inflación y menor crecimiento

 
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La Junta de Gobierno del Banco de México sostendrá esta semana su primera reunión de política monetaria del año y dará a conocer su decisión el jueves 9 de febrero. En mi opinión, considero que decidirán elevar la tasa de referencia en 50 puntos base (0.50 puntos porcentuales) a 6.25 por ciento. El consenso entre analistas es que el aumento será de 50 puntos base. Además de la acción que decidan llevar a cabo, será vital leer con cuidado el comunicado que publicarán para conocer cómo está evaluando la Junta de Gobierno la complejidad económica a la que nuestro país y se está enfrentando y cómo podrá ser la trayectoria de tasas de interés hacia delante. En el argot de los mercados financieros internacionales, el tono de las comunicaciones de los bancos centrales se clasifica en hawkish (del inglés hawk, halcón en español), si es que se caracteriza por una mayor preocupación por la inflación y por lo tanto se inclina hacia tasas de interés mayores, o dovish (del inglés dove, que significa paloma), que se distingue por un mayor interés en no desacelerar el crecimiento económico, por lo que se inclina a tener menores tasas de interés. Todavía no he encontrado una traducción idónea de estos términos al español. Así, considero que los miembros de la Junta de Gobierno adoptarán una postura hawkish para dejar claro que nuestro Instituto Central está al pendiente de que no se vayan a generar presiones inflacionarias. A continuación, dividiré el espacio restante en dos:

(1) Razones para no subir la tasa de referencia o aumentarla sólo 25 puntos base. En mi opinión, existen cinco razones por las cuáles la Junta de Gobierno de Banxico podría optar por dejar la tasa de referencia en 5.75 por ciento o elevarla a 6.0 por ciento solamente: (a) Las perspectivas de crecimiento del PIB de México en 2017 se han deteriorado considerablemente (de encontrarse por arriba de 2.0 por ciento, a 1.5 por ciento en menos de dos meses); (b) el peso mexicano no sólo no ha continuado su tendencia de depreciación —que inició a mediados de 2014—, sino que se ha apreciado más de 6.0 por ciento con respecto al dólar de Estados Unidos (EU) en las últimas semanas; (c) el gobierno mexicano pudo dejar los precios máximos de las gasolinas sin cambio el pasado 3 de febrero (aunque probablemente tenga que aumentarlos hacia delante); (d) Banxico ha aumentado la tasa de referencia 275 puntos base desde diciembre de 2015 a la fecha, por lo que ya lleva 'camino recorrido' hacia una mayor restricción monetaria, máxime si tomamos en cuenta que Banxico inició este ciclo de política monetaria restrictiva cuando la inflación de México se encontraba en sus niveles mínimos históricos cerca de 2.0 por ciento y que los aumentos de tasa de interés actúan con un rezago en la economía (un incremento de la tasa de referencia en México tiende a influir en la inflación entre 10 y 15 meses después); y (e) el Banco de la Reserva Federal de EU (Fed) sólo ha elevado la tasa de Fed Funds 50 puntos base en el mismo periodo y el tono que se percibió en el comunicado de su última reunión de política monetaria la semana pasada se consideró menos hawkish que lo que los participantes de los mercados anticipaban (i.e. tal vez el Fed aumente la tasa de Fed Funds en una menor magnitud de lo que se anticipaba para este año).

(2) El caso para un alza de 50 puntos base. Este es el escenario que pronostico y encuentro cuatro razones por las cuales la Junta de Gobierno de Banxico optará por decidir aumentar la tasa de referencia 50 puntos base: (a) Si bien Banxico ha estado 'combatiendo' presiones inflacionarias desde al año pasado, éstas han provenido de la depreciación cambiaria primordialmente. Hoy por hoy, nuestro país enfrenta nuevas presiones inflacionarias, principalmente de traspaso de tipo de cambio adicional, así como de los incrementos que hemos observado tanto en los precios de las gasolinas como del gas LP; (b) debido a que en México tanto las expectativas como el tipo de cambio son los canales de transmisión de política monetaria más importantes
—sobre los impactos de los canales de demanda agregada y de crédito—, considero altamente relevante actuar ahora para que los nuevos choques de inflación no contaminen otros precios y se lleguen a observar efectos 'de segundo orden'; (c) el objetivo de inflación del Banco de México se estableció a inicios de este siglo y nos tomó más de una década llegar de manera contundente a este 3.0 por ciento. En este sentido, considero que es transcendental tomar las acciones necesarias para dar la señal tanto a los participantes de los mercados como de la economía, que se desea consolidar el arribo a este objetivo, máxime que probablemente nos encontraremos varios meses lejos de éste e inclusive por arriba del intervalo de variación de uno por ciento (i.e. por arriba de 4.0 por ciento). En mi opinión, la inacción o sólo elevar la tasa en 25 puntos base podrían no enviar este mensaje; y (d) si bien considero que el gobierno federal está llevando a cabo un esfuerzo muy importante por cumplir con sus objetivos de lograr un superávit primario —que no tenemos desde 2008—, así como detener la trayectoria ascendente del cociente deuda a PIB (nominal), las perspectivas de crecimiento de la economía este año, así como la fuerte depreciación que ha sufrido el peso frente a varias monedas en los últimos 30 meses, está haciendo que sea más complejo lograrlo a pesar de la austeridad fiscal, por lo que en mi opinión se hace necesaria una mayor restricción monetaria.

El autor es director general adjunto de Análisis Económico y Relación con Inversionistas de Grupo Financiero Banorte y presidente del Comité Nacional del Estudios Económicos del IMEF. Las opiniones que se expresan en esta columna no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, ni del IMEF, por lo que son responsabilidad exclusiva del autor.

Twitter: @G_Casillas

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