Opinión

Banco Bicentenario,
un mal negocio;
¿cuáles siguen?

La quiebra anunciada del Banco Bicentenario, aseguran las autoridades, no pone “focos rojos” en el sistema bancario, ya que —dicen—“se actuó con rapidez”. Sin embargo, en el sector en el que esa institución financiera operó durante más de 30 años como una unión de crédito, existe preocupación.

Primero, porque en los últimos años existió cierta presión por parte de las autoridades para “animarlos” a convertirse en banco. Esto porque
—les decían— el gran tamaño de muchas de ellas y el manejo que tienen eran suficiente para operar como una institución financiera abierta y no cerrada.

Ello originó que varias de estas uniones de crédito iniciaran el análisis para decidir si se convertían en bancos, apoyadas por el discurso de gobierno, de que se tenía que ampliar la competencia en el sistema bancario con intermediarios financieros probados, aunque quedó claro que no todos pueden ser bancos u operar como tal. Sólo hay que recordar la venta de licencias nuevas que se han dado en los últimos años, precisamente porque el “negocio no arranca o no era lo que esperaban”.

Banco Bicentenario, hoy en proceso de liquidación, fue la primera unión de crédito en transformarse. Su plan de negocios estaba basado principalmente en “jinetear” por un par de días los pagos de derechos de los agentes aduanales, es decir, en un servicio y no en un crecimiento basado en crédito o en captación de recursos.

Con 649 socios, era difícil ponerse de acuerdo en la toma de algunas decisiones, a diferencia de la unión de crédito, que operó por 30 años sin problemas y siendo ejemplo de su sector. Ya como banco, el aportar recursos para mantener un capital y la costosa operación que requiere una institución de banca múltiple, no fue del agrado de todos los agentes aduanales.

Pero no hay que descartar que una vez que el IPAB haga sus cuentas, los socios no registren pérdidas y reciban de regreso el capital que aportaron, que en promedio es de casi dos millones de pesos por socio. Todo quedaría, pues, en un mal negocio y habría que ver en qué nueva figura financiera se cobijan.

Algunos de los participantes en este sector prevén que la presión de convertirse en bancos desaparezca y las que iniciaron la primera fase de análisis para convertirse en uno, ven el panorama complicado tras la quiebra de Bicentenario. Para ellos la moneda está en el aire.

PEQUEÑOS DETALLES

En el pago a los ahorradores protegidos por el Seguro de Depósito del Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB) participó Banorte. Así como lo lee. Pero no se espante, ya que el IPAB tiene su cuenta con este banco regiomontano y los cheques que se enviaron a los hoy exclientes de Bicentenario tienen el logo de esa institución y Banorte.

Y para los que preguntaban, la respuesta es no. Fidel Herrera no era uno de los 649 socios de este banco.

Twitter: @JLeyvaReus