Opinión

Ayotzinapa sí era para tanto

Dice uno de los fundadores de una de las empresas más importantes de México que el caso de Ayotzinapa se ha sobredimensionado. La frase textual de Roberto Servitje, de Bimbo, merece ser transcrita: “Hay inconformidad de algunos grupos que no han podido ubicarse, aprovechan cualquier cosa como Ayotzinapa que es muy triste, porque se le ha dado una dimensión que no tiene y creo que están aprovechándose”. (Ver el artículo aquí)

Desde hace semanas hay evidencias de que en efecto existen grupos que se están aprovechando de la tragedia de Ayotzinapa para hacer visibles otras agendas. Algunas de esas agendas son legítimas (discutir el tema de las normales rurales, por ejemplo, tema que por cierto incluyó el presidente Peña Nieto en su decálogo) y otras cuestionables (aprovechar la debilidad institucional de los gobiernos para resistir la reforma educativa, como la CNTE).

Sin embargo, es precisamente porque demasiadas instancias gubernamentales fallaron antes del 26 de septiembre, y otras tantas al surgir los eventos de “la noche de Iguala” no le confirieron a estos desde el primer momento la enorme dimensión que tenían que, contra lo que expresa Servitje, hoy algunos pueden intentar aprovecharse de esa tragedia para mal.

El no haber dimensionado correctamente los hechos provocó que el tamaño de la crisis creciera.

Todo lo anterior sin dejar a un lado, por supuesto, que es preciso tener una distancia muy singular frente a lo acontecido para declarar que a la tragedia que ha enlutado a medio centenar de familias guerrerenses, que buscan día a día a 42 estudiantes desaparecidos, se le ha dado “una dimensión que no tiene”.

El mundo entero se conmovió y aquí a algunos ya les parece que es momento de sólo reparar en los costos para la economía, pues el discurso de Servitje coincide con llamados de la iniciativa privada a los gobiernos para que pongan orden. Pasan por alto que sin justicia no habrá paz.

Se puede conceder que la confusión imperante el día de hoy, en la que actos vandálicos en Guerrero han ensuciado una parte de las movilizaciones que reclaman justicia, es propicia para que de pronto olvidemos cómo llegamos a esta caótica situación.

No estamos en esta crisis porque una pareja de locos que gobernaba de la mano del narco a Iguala haya decidido una matanza colectiva.
Fue el resultado de un explosivo coctel conformado por condiciones históricas de miseria, por autoridades omisas ante denuncias previas en contra del alcalde de Iguala (PGR, Segob, gobernador de Guerrero), por policías-criminales o criminales-policías, y por un par de delincuentes en la jefatura de una alcaldía al servicio del narco.

Todo ello provocó la (aunque parezca que nos vamos acostumbrando tanto que ya hay hoy quien no la ve tan grave) una tragedia sólo comparable con las masacres de las dictaduras sudamericanas del siglo pasado o las guerras civiles centroamericanas. ¿Dónde está el sobredimensionamiento (si tal palabra existe) de todo lo anterior?

Es cierto, algunas de las protestas han sido manchadas por expresiones de violencia. O por excesos como el asalto a un cuartel militar de Iguala esta semana.

Sin embargo, no podemos darnos el lujo de volver a equivocarnos y alimentar aún más la crisis al no darle la dimensión que tuvo desde su origen mismo, y la que tiene el día de hoy, cuando el galimatías luce tan complejo que lo único seguro es que sobran las expresiones de que la cosa no era para tanto. Aun si concedemos que se trató sólo de “una expresión”.

Twitter: @SalCamarena