Opinión

Ayotzinapa no termina aunque quiera la PGR

 
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Ayotzinapa. (Cuartoscuro)

Al igual que la “investigación” llevada a cabo por la Secretaría de la Función Pública sobre posibles conflictos de interés de diversos personajes ligados con el Gobierno Federal no sorprendió a nadie, pero enojó a muchos, las conclusiones presentadas por el GIEI (Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes) designado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, generan en la población –una vez más- la sensación de ser burlados por una autoridad que en el mejor de los casos, es incompetente, pero en el peor, es cómplice de la desaparición forzada de 43 ciudadanos mexicanos.

El dictamen de los expertos independientes abre un sinnúmero de dudas sobre el destino que tuvieron los estudiantes de Ayotzinapa, pero sobre todo, abre una esperanza de que tal vez –sólo tal vez- los muchachos pudieran estar con vida en alguna parte. En lo personal, creo que los estudiantes están muertos, pero eso sólo es una corazonada. El problema es que parece ser que es así como se llegó a la conclusión de la “verdad histórica”, basándose en conjeturas, corazonadas y ocurrencias, no en conclusiones científicas comprobables sin sesgos políticos.

Para la mayoría de la población –que no somos expertos en materia de incendios- sorprende que existan dos peritajes que arrojen conclusiones tan distintas sobre un mismo hecho, pero lo que la sociedad ha concluido sin siquiera haber tenido acceso a los expedientes es que es la autoridad de la Procuraduría General de la República, quien miente.

Y esa percepción ni es nueva ni es gratuita, es consecuencia de una procuración de justicia en todos los niveles y desde hace mucho tiempo que funciona a favor de los poderosos, de los corruptos, de los adinerados, de los cómplices y rara, muy rara vez, a favor de la gente de a pie.

Baste hacer un breve recuento de las pifias de las procuradurías desde hace muchos años para comprender el por qué la gente no cree nada que provenga de la autoridad: El extraño suicidio de Polo Uscanga y de Luis Miguel Moreno, que según conclusiones de la procuraduría capitalino, cometieron suicidio con un balazo en la nuca uno, y con varios balazos en el corazón el otro; el asesinato del cardenal Posadas Ocampo, que fue confundido por los Arellano Felix que huyeron posteriormente en un avión de línea comercial; el magnicidio en contra de Luis Donaldo Colosio, que pasó de la locura de un complot mostrado en Nintendo a la conclusión de un asesino solitario; la muerte de Ruiz Massieu, que fue resuelta por la PGR junto con la vidente la Paca y que nunca fueron capaces de encontrar –vivo o muerto- a Manuel Muñoz Rocha; las masacres de Acteal y Aguas Blancas; el caso Lobombo y News Divine; las muertes no aclaradas de dos Secretarios de Gobernación en accidentes de aviación; la explosión en la mina de Pasta de Conchos, que no fue responsabilidad de nadie; el incendio y muerte de 49 niños en la guardería ABC de Hermosillo; el caso del hijo de Fausto Vallejo y los videos con la Tuta; y una larga lista de etcéteras que hacen reflexionar sobre si la autoridad es de una incompetencia de antología que raya en la imbecilidad o más bien, si se dedican a tapar lo que políticamente no les convenga sin importar si hay muertos, heridos, desaparecidos, defraudados, etc., siempre y cuando no se trate de algún poderoso.

El Presidente Peña y la Procuradora Areli Gómez ya dieron instrucciones de que se incorporen los peritajes del GIEI a la averiguación previa que Murillo Karam dio como verdad histórica, y uno se pregunta, ¿cómo podrán conciliar dos peritajes que no son sólo distintos sino que se excluyen el uno al otro? ¿Quién hará el tercer peritaje? Si lo hace la PGR es clarísimo que la conclusión será la que les convenga, aunque no tenga sustento científico alguno, pero será una decisión política.

La realidad es que en México, las instituciones no hacen sino descomponerse cada vez más, como consecuencia de una falta de ética, de compromiso con la verdad y sobre todo, de una abyecta sumisión a los designios y deseos de los poderosos. Que lamentable y repugnante es recordar todo esto, porque efectivamente, es volver a vivir.

Twitter:@carlosjaviergon

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