Opinión

Ay, bebé, o sea

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Jorge Luis Preciado.

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil decidió abandonar la inacción y poner manos a las obras. Obras negras del año que sube el telón.

Gamés ha sostenido desde hace muchos escándalos y muchas exhibiciones de la vida privada de personajes públicos que cada quien puede hacer un papalote de sus partes, sean éstas externas o internas. La libertad es la sede de la intimidad. Si se tratara de un partido de futbol la intimidad jugaría en el estadio de la libertad.

Esto fue lo que recordó Gilga leyendo, oyendo, viendo, y todos los gerundios que usted quiera agregar, al más reciente escándalo del panista Jorge Luis Preciado, famoso por sus francachelas (gran palabra) y fiestas de rompe y rasga.

Gil lo leyó en su periódico EL FINANCIERO: el candidato del PAN a la gubernatura de Colima cayó al río caudaloso de las redes sociales utilizadas como instrumento punzocortante de reputaciones y baños de lodo. Un grupo autodenominado “Anonymous Colima” acusa al panista de utilizar dineros públicos y usar un avión privado para encontrarse con su novia en Colima. Según los anónimos, Preciado le ha comprado a su novia una casa de tres millones de pesos y un coche BMW.

ACTO SEGUIDO
Gamés se arrodilla ante la curiosidad. Por esta sencilla razón vio el video viral (vi-vi-vi) en el cual se ve a Anonymous y se oye una conversación entre Preciado e Isis Amaya Baltazar, la joven novia del candidato. Por la voz algo pastosa del panista, es dable pensar que Jorge Luis traía media estocada de Buchanan’s entre pecho y espalda y que entonces pensó: “begustaría hablur con mi terroncito de azúcarr”.

Y acto seguido marcó, y acto seguido la muchacha le contestó, y acto seguido quedaron grabados, y acto seguido, en un acto ilegal, los adversarios del político exhibieron a Preciado, a su novia, a la familia de la novia, en fon.

En el análisis de la política y su relación con la moral social, primero es lo primero: caracho, señor Preciado, ¿cómo Buchanan’s, un whisky blend ahumado hasta la ignominia? Eso no tiene perdón de Dios y muestra el gusto dudoso del candidato. Licenciado, ¿no ha oído usted hablar del single malt? Por eso estamos como estamos.

En la monumental Historia de la vida privada coordinada por Philippe Ariès y Georges Duby quedó muy claro que las parejas que se dicen entre sí y de cariño “bebé” son patológicamente cursis. Gil no sabe mentir, así lo escribieron los historiadores franceses: el que le llama “bebé” a su pareja es un idiota consumado; si es ella quien lo dice, lo mismo. ¿No le creen a Gilga? Allá ustedes. Ariès y Duby no se andaban por las ramas del árbol de la complejidad. Mju.

EL DRAGÓN DE LA VERGÜENZA 
Por cierto, la joven es mucho más entrona que él y puede presumirse que se lo trae de un ala, por la calle de la amargura: “bañana voy a verte, slago en el vuelo dels ocho. Dime queveextrañas aunque sea un poquito”. “Ay, sí bebé, sí te extraño.” “¿Vedeseas?” “No seas sexoso”, responde ella y a Gil se le va el alma a los pies pues uno de los momentos de intensa seducción en el discurso de la supuesta voz de Preciado es éste, lectora y lector, oigan esto: “Y cuando despiertes voy a ver tu mirada, tus cejas y tu cabello, tu cuello y tus pechos, y tu cintura y tus enormes piernas… ricas. Y el extraordinario brillo de tus dientes”. Dios de bondad, este panista (Gil ignora si una mayoría de los panistas) necesita con urgencia un curso de palabras clave a la hora de abrir la puerta del erotismo: “el extraordinario brillo de tus dientes”, ah, poeta Preciado, “el brillo de los dientes”, y pudo añadir, “las uñas de los dedos de tus manos”. Y ella responde: “Ay o sea… ay bebé”. Una pena ajena como un dragón entró al amplísimo estudio.

Sean felices muchachos, y usted, señor Preciado, deje de meterle mano, no a su novia que en ese caso estaría usted en todo su derecho siempre y cuando ella quisiera, sino al erario de Colima. Dicen las malas lenguas que a usted le gusta meter mano y sacar tajada, dicho sea esto sin albur.

Por lo demás, palabras como chupar, pechos, puchita, cintura, nalgas y un largo etcétera nada agregan al acto ilícito de reproducir una conversación privada. Ejem, cof, cof. Vale decir que estos comportamientos los analizó en profundidad Michel Foucault en su ensayo "La Moral del Partido Acción Nacional en el México del Siglo XXI". En serio, Gil se los jura: por ésta. Con ustedes no se puede.

La máxima de Ovidio espetó en el ático de las frases célebres: “Todo amante es un soldado en guerra”.

Gil s’en va.

Twitter:
@GilGamesX

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