Opinión

Avanzamos, pero lento

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Enrique Peña Nieto

De acuerdo con algunas de las organizaciones promotoras, la iniciativa ciudadana para impulsar la Ley de Responsabilidades Administrativas, mal llamada Ley 3de3, ha conseguido las firmas necesarias para iniciar el trámite. Es un gran paso, por dos razones. Primero, porque se trata de una de las dos leyes necesarias para aterrizar el Sistema Nacional Anticorrupción, que ya inició como reforma constitucional hace un año. Segundo, porque fue hecho por ciudadanos, todo el camino, con muy poca ayuda de los medios, por cierto.

Como usted recuerda, el Sistema Nacional Anticorrupción es una iniciativa de la sociedad civil, que tuvo que ser aceptada por Peña Nieto bajo la presión de la 'casa blanca'. En las muy malas condiciones en que se encontraba a inicios de 2015, cedió y su propuesta original fue sustituida por algo que de verdad puede funcionar, aunque nos tardemos en lograrlo. Sin embargo, conforme el tiempo ha ido borrando el escándalo de la casa, el presidente tiene menos interés en el tema, y los demás políticos, o casi todos ellos, se oponen por completo. No debemos olvidar que el camino más eficiente para acumular riquezas en México ha sido la política, al menos desde la Revolución, aunque hay evidencia de que los liberales se despacharon muy bien, y antes de ellos, Santa Anna, entre otros menos famosos.

Es decir que los políticos mexicanos no quieren perder el negocio. Tienen razón, como tampoco lo querían perder los empresarios privilegiados por el compadrazgo y el oligopolio, o los grandes sindicatos del gobierno, que viven de extraernos rentas a los demás. Es decir, nadie quiere perder una abundante fuente de recursos así nada más. Empresarios y líderes sindicales no pudieron oponerse al Pacto por México, una alianza temporal, pero inmensa, que llegó a representar 90 por ciento del poder político de este país, y doblegó a algunos de los hombres más ricos y a algunos de los sindicatos más poderosos del mundo.

Pero ahora hay que doblar a los políticos, y el único actor que puede hacerlo es la ciudadanía, una cosa que en México apenas empezó a formarse a fines del siglo pasado, de forma que no tiene ni 25 años de existir. Esa ciudadanía que en el Estados Unidos del siglo XIX maravilló a Tocqueville y le hizo pronosticar el poderío norteamericano, y que nosotros en América Latina no hemos podido construir de forma estable. Especialmente nosotros. Otros países latinoamericanos desde sus inicios tuvieron un Estado de derecho funcionando, aunque por ratos lo hayan perdido (Chile, Argentina, Uruguay). Otros lo han logrado construir recientemente, pero a gran velocidad, como lo ilustra el impresionante proceso legal en Brasil.

Pero acá nunca se derrotó al viejo régimen, sino que tuvimos un proceso suave mediante el cual, más que eliminar los viejos vicios, enviciamos a los nuevos políticos. Los pocos que venían de izquierda rápidamente aprendieron del sector del viejo régimen que se les unió, y hoy dependen del clientelismo y la corrupción. Los que venían del PAN aprendieron a utilizar los nuevos puestos, ya que el poder de verdad se dispersó con la transición. El PRI es el maestro.

Como siempre en estos casos, no tengo duda de la existencia de políticos honestos, pero tampoco de que son una franca minoría, y que sólo con una ciudadanía organizada y actuante se puede lograr algo. Ahora hay que exhibir la basura que están presentando los partidos para, según ellos, luchar contra la corrupción.

Por simple decencia, el PRI debe abstenerse de opinar en este tema. El Sistema Nacional Anticorrupción es ciudadano, y debe serlo todo el camino.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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