Opinión

Aunque usted no lo crea

 
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Gamés.

Gil cometió la imprudencia de abandonar la inacción. Abordó un coche y acometió la aventura de llegar a tiempo a una consulta médica en el Hospital Ángeles de Periférico Sur desde la colonia Condesa. Parecía pan comido: llegar al Viaducto, luego subir al Segundo Piso, acopiar paciencia para una de las muchas horas pico en las que se mueve la ciudad de México, y salir del Periférico para entrar al hospital. Pan comido, anjá. Desde la calle de Agricultura hasta Viaducto, antes de subir al Segundo Piso, un gran estacionamiento, miles y miles de coches, unos tras otro. Los conductores se jalaban los pelos, golpeaban el volante, se daban manazos en la frente. Gil farfulló: una trampa mortal. Una hora y cuarto después, Gamés realizó maniobras que habría envidiado el Checo Pérez, salió de la calle asfixiante y renunció a su misión. Como diría el clásico: adiós para siempre.

Gilga investigó la causa del congestionamiento monstruoso: a las cinco y media de la tarde, 250 vecinos del predio de la Angostura bloquearon ¡el Segundo Piso del Distribuidor Vial! Lo nunca visto. Estos vecinos llevaron algunos camiones y los cruzaron en la vía. ¿Qué pedían? Agua, drenaje y Dios sabe qué más. Lectora, lector: 250 personas ocasionaron un caos de miles y miles de habitantes de la ciudad que regresaban a su casa, o iban a una cita de trabajo, o querían tránsito libre y vida tranquila.

La Policía, desde la primera fila, observaba el espectáculo. A Gamés no le entra en la cabeza, no puede creer, se da contra los muros, se envuelve en un ataque sicótico y pone los ojos en blanco al pensar que ninguna autoridad del Distrito Federal desalojó a los vecinos, a los cuales y dicho sea de paso, no les hubiera sobrado un par de toletazos. No faltará quien afirme que Gilga desea la represión, el uso excesivo de la fuerza. Fuera máscaras: el uso excesivo del abuso impune exige la intervención de la fuerza pública.

Gasolina
Unos normalistas de Ayotzinapa se robaron un camión tanque de gasolina que contenía 64 mil litros. Lo interceptaron en la carretera Chilpancingo-Tixtla. A los normalistas les pareció fácil secuestrar el camión y llevarlo a las instalaciones de su escuela. Como todo mundo sabe, nunca sobra en un patio escolar una pipa con 64 mil litros de gasolina. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: ¿para qué puede servir ese tanque de gasolina? Gamés se devanó los sesos: para venderla y obtener recursos para la lucha revolucionaria, para limpiar objetos de metal muy percudidos, para fabricar una no tan pequeña cantidad de bombas caseras, para mirar al camión bajo 40 grados centígrados de temperatura y hacer apuestas: ¿tú crees que explota? Contra su insana costumbre, la Policía intervino, les dio de catorrazos a los ladrones, los detuvo y luego los liberó. Adiós al camión en la Isidro Burgos.

Fuego
En Villa Hermosa, 47 camiones de la empresa Transbús quedaron reducidos a hierro retorcido. Más de 20 mil usuarios del transporte público van y vienen a pie. Nadie sabe, nadie supo. Dos sopas hipotéticas para buscar la causa del incendio: una, las diferencias entre los agremiados por el control de la empresa; dos, por la ordeña del combustible. Por angas o mangas: 47 autobuses desaparecieron en llamas. Hace falta un Sherlock Holmes de Tabasco. De pronto, medita Gil, nada parece imposible: vayan y quemen unos 47 camiones. Correcto, vamos y venimos.

Torres
Gil lo leyó aquí y allá: el conjunto de edificios Residencial del Campo en Santa Fe viola la altura permitida para las edificaciones en la colonia Prados de la Montaña. De acuerdo con la norma de la Delegación Cuajimalpa, la altura de los edificios no debe exceder los tres niveles y debe tener 50 por ciento de áreas verdes. Los edificios ubicados en el pico de un cerro tiene torres de 10 y 14 pisos y un área libre de sólo 30 por ciento. ¿Cómo la ven?, sin asomo de albur. Gil imagina la cantidad de corruptelas que dejarán al descubierto las torres cuando caigan, porque de que se caen, se caen, eso sí no tiene remedio. Se convertirán en una obra de Mathias Goeritz: “Edificios reposando en la carretera”.

Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los camareros se acercan con la bandeja que soporta la botella de Glenfiddich, Gamés pondrá a circular la máxima de Carl Sagan: “En algún sitio, algo increíble espera ser descubierto”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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