Opinión

Aunque usted no lo crea

 
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Aunque usted no lo crea.

Gil Gamés ha ordenado que el amplísimo estudio sea vigilado por drones. Es lo mejor para todos. Además de sus actividades cerca del mullido sillón, el aparato sobrevolará la vida pública y avisará: que Manlio Fabio Beltrones abrazó a una viejita, el dron notifica: viejita abrazada por presidente del PRI; que Ricardo Anaya es levantado en hombros por sus seguidores, el dron ofrece imágenes de Anaya saliendo, como matador, por la puerta grande, después de una faena histórica; que el presidente Peña no responde a nada ni a nadie, el dron da la nota: presidente de la República paralizado. Y así, hasta donde usted quiera y mande.

Los drones son muy económicos, pero si a usted le cae uno en la cabeza va a dar al hospital, como les ocurrió a las pobres señoras argentinas que caminaban por una calle de Buenos Aires y de pronto les cayó un dron en la sesera ocasionándoles severos politraumatismos. Porque lo insólito siempre espera en la oscuridad, Gilga prefiere manejar personalmente sus propios drones.

Extraterrestres buenos
Gil lo leyó en su periódico El Universal. El astronauta de la NASA, Edgard Mitchell aseguró que los extraterrestres no sólo existen sino que evitaron una guerra nuclear. Mitchell formó parte de la tripulación del Apolo 14. En una entrevista publicada en The Mirror, Mitchell asegura que seres extraños llegaron a la Tierra para detener una guerra nuclear entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética.

Durante las pruebas de armas nucleares donde se detonó la primera bomba atómica, los militares observaron OVNIS: “Querían conocer nuestras capacidades militares. Hablando con personas involucradas me ha quedado claro que los extraterrestres han evitado la guerra y creado la paz”. El astronauta cuenta con increíble verismo cómo oficiales que trabajaron en la fuerza aérea durante la Guerra Fría le confesaron que los extraterrestres visitaban los campos y desactivaban los misiles.

Gamés no sabe qué pensar. Por un lado, está claro que los extraterrestres vinieron a ayudarnos, a controlar nuestros instintos destructivos, y créanle a Gil que donde quiera que estén se los agradece; por otro lado, a qué se meten los extraterrestres, si el género humano quería borrar toda huella civilizatoria de su paso por el planeta Tierra, muy su gusto. Eso es lo malo con los extraterrestres, que les da por arreglar problemas. Si el presidente Peña tuviera dos de esos personajes que desactivaron misiles, otro gallo nos cantara.

La verdad, mejor regresen a casa, señores y señoras extraterrestres y pongan en orden sus cosas porque durante el último viaje que Gamés hizo a través del espacio sideral (no, el sidral es otra cosa; sí, pésimo chiste) encontró todo desordenado como cuarto de adolescente, pero eso sí, vienen aquí a arreglar lo que en su mundo son incapaces de ordenar. De plano hay cosas que con ellos no se puede. En fon.

Tomates
Dagoberto Rodríguez utilizó una pared blanca del Museo Nacional de Arte Contemporáneo de la ciudad de Monterrey para representar su obra “Tomates”. Gamés lo leyó en su periódico Reforma. Dagoberto considera esta pieza como una “especie de linchamiento estético” y consiste en arrojar tomates en un muro blanco. A duro y dale: splash, splush. Dicen que la obra aguanta un piano.

El artista cubano explicó que se trata de una obra inspirada en los años ochenta, cuando aventaban tomates a los que abandonaban la isla. Ahora mal: cuando el colectivo Los Carpinteros del cual forma parte el amigo Dagoberto vivía en Madrid, su inspirada aventura creativa se relacionó con la Tomatina, la fiesta anual en la cual los españoles arrojan tomates.

La obra no sólo consiste en arrojar los tomates, a ese arte Dago añade 250 esculturas de porcelana en forma de tomates estrellados y pegados en el muro. ¿Cómo la ven? Sin albur. La exposición abrirá sus puertas el 21 de agosto y permanecerá hasta el 3 de enero, de modo que la lectora y el lector tienen tiempo suficiente para ver la obra de Dagoberto.

El artista que Gil lleva dentro se ha impuesto y ya planea una exposición en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. Con una máquina diseñada en campos militares, Gilga va a catapultar cocos sobre un muro, en ese muro estará Dagoberto Rodríguez luchando por su vida. Está buena, ¿no? Cientos de cocazos.

La frase de Carl Sagan espetó dentro del ático de las frases célebres: “En algún sitio algo increíble espera ser descubierto”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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