Opinión

Audacia es el juego

 
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Chapo.

Gil leyó con los ojos de plato y plata en su periódico Reforma que la actriz Kate del Castillo dio una entrevista en exclusiva para el semanario The New Yorker en la cual afirma que el gobierno mexicano realiza una cacería de brujos y brujas debido a sus reuniones con Joaquín Guzmán Loera. Anjá. Probablemente Kate del Castillo se sentía merecedora del Premio Nacional de Periodismo. No lo ha obtenido y ahora insiste en su versión de los hechos: a fines de 2014 Kate recibió un correo de uno de los socios del Chapo. Desde entonces se iniciaron una serie de reuniones de Kate con los abogados del Chapo. Como si necesitáramos de ficción chocarrera, Gil se enteró de que el autor del reportaje, o como se llame, responde al nombre de Robert Draper, hermano secreto de Don Draper, emblema y guía de Mad Man. En serio, no sería la primera vez que un hermano de ficción salta a la realidad.

Dice la actriz que cuando se enteró de la recaptura del Chapo sólo atinó a decir: “me quiero morir”. A Gil le ha quedado claro que Kate no entiende muy bien con quién ha coqueteado durante meses por carta y en persona. La actriz no comprende por qué critican que ella haya hecho tratos emocionales y comerciales con uno de los grandes asesinos de que tenga memoria México. Cierto, incomprensible. ¿Y a eso qué dirá Kate? El Chapo, dice la señora, puede hacer muchísimo bien al país. Gilga no lo duda ni un poco: Chapo for president.

Las declaraciones del papá de Kate resumen todo el enredo. En entrevista con Ciro Gómez Leyva, Eric del Castillo busca que el secretario de Gobernación lo reciba: “la chamaquearon. Es temeraria, aquella persona que hace las cosas sin medir las consecuencias. Los héroes, así son”. Mju, sí, comoñó. Es que de veras.

RETIREN ESE SPOT
La noticia tomó lugar en todos los periódicos, pero la fuente original fue una entrevista de Ciro Gómez Leyva en el radio y un breve artículo en El Universal. Liópez estaba hecho un basilisco, la autoridad electoral mandó retirar el spot del avión presidencial.

Como cualquiera pudo suponer, Liópez injertó en pantera y acusó a Miguel Ángel Osorio Chong de llamar a los magistrados del Tribunal Electoral a su oficina para ordenarles que retiraran el spot del avión presidencial: “Estamos como en los tiempos de más autoritarismo. Es Gobernación la que está limitando la transmisión del mensaje”.

Gil no pudo evitar la fabulación de la escena que propone Liópez: “Señores y señoras, buenas tardes -dice Osorio Chong-, gracias por venir. Los he mandado llamar para que cumplan con su deber, el primero de los cuales consiste en que ustedes sean mis empleados.

Señores magistrados, a partir de hoy retiran el spot del señor L(i)ópez. Ofende al presidente Peña. Lo retiran, ¿estamos? El presidente compró su avión, le está construyendo un estacionamiento techado para que no se moje en época de lluvias. Dejen de molestar. Y listo, los magistrados regresan a sus oficinas y retiran el spot. Así de fácil y tranquilo: hecho, licenciados, todos a trabajar.

SERÉ PRESIDENTE
En su periódico Milenio, Juan Pablo Becerra-Acosta realiza una serie de entrevistas con políticos interesados en ocupar la presidencia de la Republica. De que los hay, los hay. Así entrevistó a Gerardo Fernández Noroña, quien se ha destapado como un hombre interesado.

Le dice Noroña a Becerra-Acosta: “estoy convencido de poder obligar a Peña Nieto a renunciar antes de 2018. Estoy convencido de que debe haber una rebelión no violenta y convocar a un Congreso Constituyente”.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: a este hombre del barzón le han caído muy mal los antidepresivos, las pastas lo han convertido en un ser desorbitado.

Fernández Noroña está convencido de que lo subestiman en el PRD: “Si estoy más fuerte que Andrés Manuel, él tiene que declinar”. Hay días en que ciertas declaraciones de algunos políticos le devuelven a Gilga la desconfianza en el mundo.

La verdad sea dicha (muletilla patrocinada por Morena) la idea política de Fernández Noroña y su trayectoria le parecen a Gamés como la historia de la rata cuya autoestima era tan alta que llevó a la rata a inscribirse en un concurso de belleza. Un lamento desgarrador rompió el silencio del amplísimo estudio: Ay, mis hijoos sin Superyo.

La máxima de Jean Cocteau espetó en el ático de las frases célebres: “El tacto en la audacia es saber hasta dónde se puede ir demasiado lejos”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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