Opinión

¡Atrévete!


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Toros

Ven a los toros, no te arrepentirás. Seas o no aficionado a la Fiesta Brava ven a los toros. Los pueblos son fuertes con base en el mantenimiento y respeto de sus tradiciones, tradiciones que empezaron ayer hace 523 años con el descubrimiento de América, fecha que para muchos es el pretexto para no asumir su identidad, pero que para mí marca el inicio de nuestra formación como cultura; la indígena y la española se encontraron y dieron como resultado la fusión de dos culturas milenarias, ambas poderosas en creencias, tradiciones y arte.

Es por esto que te invito a los toros, un espectáculo que provoca emociones y por eso es considerado un arte. Las emociones llegan desde varios aspectos: la plástica y estética del momento justo en el que ambos cuerpos, toro y torero, se funden en una sola pieza, armónica, bella, con el vigor y verdad de la muerte en las puntas de los pitones, y la gracia y gloria de la vida en los vuelos del capote. La emoción te puede llegar al verte sorprendido por la multitud de colores y brillos que durante el paseíllo desfilan con orden y gallardía bajo el sol y al son de un bello pasodoble. Fundamental que también llegue la emoción vía el peligro que representa todo el poder del animal más bello del planeta, el toro bravo, al ser conducida su embestida con tan sólo el movimiento de las yemas de los dedos, que viaja en total sincronía con los pliegues de las telas de los engaños que capturan e hipnotizan la bravura del toro.

Durante una corrida de toros son muchas las sensaciones que tendrás. No hay en el mundo otro espectáculo capaz de poner a miles de personas en perfecta sincronía emocional en el momento justo e irrepetible de un muletazo que contagia a todos por igual, aficionados y público. Es tan grande el toreo, que emociona de la misma forma a quien asiste a una plaza de toros con todos los sentidos abiertos, dispuestos a absorber la avalancha de emociones, como a los que rechazan bajo argumentos de tertulia o pose de gran conocedor, el milagro del toreo.

Ven a los toros y disfrutarás el espectáculo de miles de personas reunidas en círculo en un mismo escenario. La energía que de una plaza de toros se puede generar equivale a momentos que no olvidarás nunca. No hay script, no hay guión, todo se improvisa con base en una tradición venerada por cientos de miles de personas que la llegamos a considerar una liturgia.

Vivirás y sentirás los valores más puros de nuestra esencia; la nobleza del toro que nunca traiciona, siempre pelea de frente y con verdad. Siendo miles de veces más poderoso físicamente que el hombre, el toro acepta las reglas de la lidia y obedece con tal nobleza que conmueve y emociona su embestida, pero eso sí, si el torero deja que la soberbia rebase la nobleza, puede morir al subestimar las cualidades del toro.

Otra virtud del hombre que viste de luces es llevar el valor a una dimensión que para el resto de los mortales es impensable, de ahí se desprende la admiración y el respeto, este último, valor casi perdido dentro de una sociedad que ya no tiene tiempo de disfrutar las pequeñas grandes cosas de la vida, que cambia una emoción por un dato electrónico inmediato que el cerebro registra y almacena. El hombre cada vez menos sabe vivir y manejar sus emociones. Las emociones son vida, inolvidable es el sentimiento cuando tu hijo te toma por primera vez un dedo con su diminuta mano, si ya eres padre lo sabes, y si todavía no lo eres, llegará el día que una fracción de segundo te marcará por siempre. Así es el toreo. Date el gusto, date la oportunidad de encontrarte con tus emociones y sentimientos dentro de una plaza de toros. Humanízate, admira al hombre que es capaz de jugarse la vida con el único fin de emocionarte, que está dispuesto a morir para honrar la vida del animal más bello e imponente del mundo, el Toro Bravo.

Atrévete, no te arrepentirás.

Twitter: @rafaelcue

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