Opinión

Atrapados en "instantes"

1
   

   

Cuartoscuro

Un instante, dice la Real Academia, significa “porción brevísima de tiempo”. Al referirse el martes a la tragedia de Iguala, el presidente Enrique Peña Nieto dijo: “estoy convencido de que este instante, este momento en la historia de México de pena, de tragedia y de dolor, no puede dejarnos atrapados. No podemos quedarnos ahí. Tenemos que darle atención, tiene que haber justicia, tiene que haber castigo para aquellos que fueron responsables de estos hechos lamentables, pero tenemos que asumirnos en el derrotero de seguir caminando para asegurar que México tenga un mejor porvenir”.

¿Es la terrible noche de Iguala sólo un “instante” en la historia de México? ¿Un momento cuya importancia magnificamos hoy dado que nos toca vivirlo? ¿O los sucesos del 26 de septiembre representan, como han dicho algunos, un momento que puede convertirse en un hito que podría marcar un mañana distinto (bueno o malo)?

Este “instante” que significó la muerte de decenas de estudiantes, tragedia que puso los ojos internacionales en México, tendrá consecuencias. Éstas serán más o menos buenas si el procesamiento de lo que pasó se traduce en medidas que a la postre resulten en mejoras sustanciales en múltiples niveles. En el plano de la justicia, las mejoras deberían notarse en combate efectivo a los criminales y en genuina rendición de cuentas de los gobernantes; deberían cambiar, también, las condiciones de marginación de comunidades en Guerrero y en otros estados, etcétera.

Las consecuencias serán malas o muy malas si el gobierno de Peña Nieto cree que luego de Iguala, México puede “seguir caminando” hacia un “mejor porvenir” sólo por el hecho de que, según esta administración, con el expediente pericial detallado el martes por el procurador Murillo Karam lograron llegar a una “verdad histórica” sobre lo ocurrido en Guerrero, y que por ende la justicia para las víctimas está cerca.

El reto para el gobierno consiste en interpretar de manera correcta este instante. Ojalá en Los Pinos entiendan que la movilización popular surgida tras la desaparición de los normalistas, además de dolor y solidaridad, es muestra de una gran decepción ante el actual gobierno, y frente al sistema de partidos.

Ojalá en el análisis reconozcan que ya han desperdiciado otros “instantes”. El apresar hace casi dos años a Elba Esther Gordillo creó cierta expectativa de que podría ocurrir al fin un cambio en una relación pervertida entre sindicatos y gobierno. No fue así; el efecto del golpe político se diluyó y 'La Maestra' está más cerca de la calidad de chivo expiatorio que de ser ejemplo de combate a la corrupción. Lo mismo se puede decir de Oceanografía, Tlatlaya, las crisis de seguridad en Michoacán y en Tamaulipas, la reforma educativa trunca...

Tiene razón el presidente. México no debe quedar atrapado en las condiciones que hicieron posible la crisis por los 43 estudiantes raptados y asesinados la noche del 26 de septiembre. Ello implica, forzosamente, no retomar el guión triunfalista que este gobierno tenía hasta septiembre pasado. Ello implica, también, lanzar una investigación y lograr una verdad histórica sobre las casas de Higa. Ello implica querer aprender del caso Ayotzinapa.

Alguien hace poco citaba al general Obregón con la siguiente frase: “El primer error es el que cuenta, lo demás son consecuencias”. Todo hace indicar que el gobierno federal ha decidido enfrentar de golpe las consecuencias de los errores cometidos al inicio de la crisis de Iguala. Eso es bueno. Ojalá que ahora hagan correctamente la anatomía de este instante (perdón Javier Cercas). Las consecuencias de una mala lectura podrían ser muy graves. Podríamos quedar atrapados en este instante.

Twitter: @SalCamarena

También te puede interesar:
Guardería ABC, Pavlovich y para qué sirven las elecciones
Cuatro sones de nuestra izquierda ranchera
La campaña que de verdad le urge a Acapulco