Opinión

Así vamos… La ONU nos alerta sobre el cambio climático

Recurrentemente desde hace varios años he escrito sobre los graves problemas que implica para la humanidad el cambio climático. Los informes de los científicos son cada vez más contundentes. El año pasado tuvimos un informe del “Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, IPCC”, y hace poco tiempo tuvimos un nuevo informe de este grupo. Lo que ahí se dice es altamente preocupante.

Es un trabajo de científicos de todo el mundo del más alto nivel. Cuenta con una vasta información, además de modelos matemáticos y estadísticos muy complejos. Su conclusión es muy fuerte. En el reporte del año pasado, señalaba que el calentamiento de la tierra es inequívoco desde 1950; la atmósfera y el océano se han calentado, la cantidad de nieve ha disminuido, y el nivel de los océanos se incrementa. Su conclusión, que toma en cuenta los ciclos solares y otros fenómenos climáticos complejos, señala que la influencia humana en este proceso es fundamental

Como ya lo habíamos señalado, el 10 de mayo del año pasado, el New York Times dio la preocupante noticia de que los niveles mundiales de dióxido de carbono habían superado el nivel de 400 partes por millón, el cual no había sido alcanzado en la tierra desde hace tres millones de años. El dióxido de carbono es un gas que contribuye al calentamiento global.

En febrero del año pasado, el Dr. José Sarukhán, ex rector de la UNAM y Titular de la Comisión para el Uso de la Biodiversidad, nos dio en la UAM-I una conferencia sobre el uso abusivo de los recursos naturales de hoy día, y nos señaló que es muy probable que en tres o cuatro décadas podremos enfrentarnos a una crisis de grandes proporciones.

El reporte del IPCC de hace una semana es terrible y nos anuncia problemas de fuertes migraciones humanas desde las zonas costeras, luchas por los recursos de agua dulce que serán más escasos en términos de la creciente población y al mismo tiempo, un gran aumento de las fuertes lluvias conjugado con sequías de gravedad.

Vivimos sumergidos en una crisis que todo indica que por desgracia será de largo aliento. El problema es que se hacen políticas para salir de la crisis y retornar al crecimiento que conducen a un mayor despilfarro de recursos energéticos. Por ejemplo, en varias partes del mundo y sobre todo en los EUA, hay un gran incremento de gas y petróleo “shale”; este ha sido uno de los factores clave del repunte de la economía del país del norte y de la tendencia en el mundo a la baja de los precios del petróleo y del gas. El inconveniente es que, si el gas y petróleo “shale” son buenos para el repunte, éstos son pésimos para el clima y los recursos naturales. Esta extracción además de generar una fuerte polución, usa muchísima agua que es uno de los recursos escasos más importantes y que junto con el clima, son los que a corto plazo nos pueden conducir a graves catástrofes.

Actualmente los ciudadanos del mundo vivimos en la confusión. Para salir de la crisis se ha tendido a olvidar las políticas y la consciencia adquirida sobre el impacto altamente negativo de nuestras actividades frente a la naturaleza. Hay muchos intereses en juego y el egoísmo nacional (ahora protagonizado por China y los EUA) es muy importante, lo mismo que la enfermiza carrera hacia las ganancias de muchas empresas multinacionales. Desgraciadamente, el hombre reacciona, a veces, ante el desastre y la tragedia.

Hay que tomar en cuenta el riesgo y la incertidumbre.

El riesgo se da cuando los eventos futuros se pueden probabilizar. La incertidumbre proviene cuando no hay forma de calcular ningún tipo de probabilidades de un evento futuro.

Estamos ante eventos inciertos pero no provisionales y de consecuencias que pueden ser catastróficas. A medida que conocemos más el fenómeno, las funciones de probabilidad que podemos calcular en alguna medida, nos indican que la probabilidad de que en años venideros no lejanos, tengamos cambios que van a trastornar toda nuestra manera de vivir.

Hoy, los principales actores viven el problema ecológico en términos de riesgo y no de incertidumbre, es decir, como todavía es manipulable y sujeto a las reglas del poder nacional y de las multinacionales. Mientras estemos en esta etapa se piensa que los juegos de poder aún son posibles y se hace poco y se cede menos. El timbre de alerta desgraciadamente, tendrá que venir de catástrofes climáticas que se presenten en los países reticentes. No deseamos las catástrofes, pero constatamos que los intereses en juego sólo reaccionan ante ellas.

Vivimos épocas convulsionadas, problemáticas y decisivas. De hecho, necesitamos un cambio de civilización para que el mundo pueda sobrevivir.

El autor de esta columna es profesor e investigador en la UAM-I.


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