Opinión

Así vamos… el TLCAN: problemas y mediocridades

Juan Castaingts Teillery

Han pasado 20 años desde que se inició el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Hubo muchas expectativas, se presentaron algunas cosas buenas, ha generado muchos problemas y un desperdicio de oportunidades gigantesco.

La idea del TLCAN no era mala, había necesidades de integración a la economía mundial para las cuales un tratado como ese, habría oportunidades y podría haber sido instrumento de resolución de problemas internos. No se hizo así. Se hicieron demasiadas concesiones, se perdieron las perspectivas y además, hubo carencia de espíritu empresarial para ver las oportunidades e implementar acciones para aprovecharlas.

El resultado al final de cuentas, es mucho más negativo que positivo. El sector manufacturero debería de haber sido el principal beneficiario de dicho tratado. En enero del 94, el índice de la producción manufacturera (base 2008 =100) era de 67.9; para noviembre del 2012 este índice ascendió a 110.55, lo que implica que en 20 años este índice sólo aumentó en un insatisfactorio y mediocre incremento de 0.081 por ciento anual. Cifra que es profundamente inferior a la lograda en lo que podríamos denominar la edad de oro de la economía mexicana de 1936 a 1970. Además con ese mediocre crecimiento no se resuelve ningún problema.

El TLCAN ha sido satisfactorio sólo para algunas industrias, en especial la automotriz y la electrónica pero ha sido negativo para el resto de la economía. La automotriz y la electrónica aprovecharon la mano de obra barata, la disponibilidad de ingenieros de buena calidad y a precio muy bajo y los muy bajos impuestos que en la práctica se pagan en México. La industria automotriz ha crecido mucho pero está muy lejos de constituirse en un impulso del resto de la economía.

Por el contrario, todo el sector intermedio de partes e implementos que había en el país, fue destruido casi por completo. Las empresas norteamericanas en estas ramas tenían y tienen simplemente un nivel tecnológico y organizativo muchísimo más fuerte que lo que había en las industrias internas que simplemente fueron borradas y desplazadas. Así con una industria intermedia caída, las industrias dinámicas no compraban sus materiales en México sino que los importaban y de esta manera, no generaron ningún efecto de arrastre interno o un efecto multiplicador en la industria o en el consumo. Como las industrias dinámicas son de alta tecnología, pues tampoco demandaron una fuerte cantidad de mano de obra y así forjaron poco empleo. De hecho como fue previsible y yo lo escribí en aquellos años, el desplazamiento que hacían las industrias modernas sobre las anteriormente existentes, condujo a que en la industria la destrucción de empleos fuese mucho mayor a la creación de los mismos. Crecieron solo algunas industrias que estaban aisladas del resto de la economía. Hubo así un sector exportador dinámico y el resto de la economía sumergido en el estancamiento.

El TLCAN generó algunas oportunidades económicas para los empresarios mexicanos: exportación de algunos productos y ventas de productos intermedios a las empresas de punta localizadas en México, etcétera. Pero tenemos muy pocos empresarios y sí muchos negociantes, que fueron ciegos e incapaces de aprovechar las oportunidades que se les ofrecían; son gente que hace negocios y tranzas pero que carece de espíritu de riesgo, creatividad y de empresa.

Frente a la competencia extranjera los negociantes importaron masivamente y dejaron la producción y se dedicaron al negocio de la importación. Los que quedaron en sectores productivos, en lugar de transformar la tecnología y la organización de sus empresas, buscaron en la reducción de los salarios, el mecanismo de sobrevivir y mantener sus ganancias. Se tuvieron salarios bajos que estancaron el mercado interno y una productividad muy mediocre que tendió al estancamiento.

Para agravar todo, el Banxico aplicó una nefasta política de altas tasas de interés y de sobrevaluación del peso mexicano. Así los productos extranjeros no sólo se beneficiaron de su mejor tecnología sino también de un peso sobrevaluado que abarataba sus productos frente a los mexicanos. Este hecho, junto a las altas tasas de interés, auspiciadas también por el oligopolio bancario, condujo a la reducción de la inversión que, unido con el estancamiento del mercado interno, provocaron la tendencia al estancamiento de la economía mexicana de la cual tenemos varios lustros viviendo.

En el campo el caso fue desastroso. El abaratamiento del maíz, trigo, sorgo, etcétera, de EU y Canadá, impulsaron la miseria entre nuestros campesinos.