Opinión

Asesino cereal

 
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Senadores. (Cuartoscuro)

¿Nadie puede detenerlos? Gil se tapó las orejas en un gesto desesperado. Como en la película Un día de furia, Gamés ha estado a punto de interceptar el carromato de los ropavejeros para destruir con lujo de violencia la grabación que le taladra la cabeza dos o tres veces al día desde hace años: se compra-an, colcho-ones, lavadoras, estufas, refrigeradores, micro-ondas, o algo de fierro viejo que venda-an. Gilga no vende ninguno de estos artefactos; y si no quiere vender por qué tiene que recibir forzosamente un emplazamiento por medio de una bocina que tortura a los vecinos día y noche.

Qué tiempos aquellos en que el ropavejero Cirilo pasaba con su red y gritaba: ¡ropa usadaa que vendaan! Una vez al día, si acaso. Gamés nunca pensó que tendría deseos de convertirse en un asesino cereal.

Gilga ha desarrollado una hipótesis conspirativa: los sujetos que van a bordo de la camioneta ropavejera o fierroviejero (salió albur inesperado) en realidad forman parte de una banda que roba y asalta con violencia casas habitación. Gil lo cree a pie juntillas. Si usted ve a esos individuos no le quedará la menor duda: mirada torva, peinados extraterrestres, fortaleza asesina en los brazos, exudan maldad.

Tamal
Y esto no es nada. Desde hace veinte años, todos los días, al caer la noche, acérquese y pida sus ricos tamales oaxaqueños, hay tamales calientitos, deliciosos tamales oaxaqueños. ¡Piedad! Dios de bondad. De nuevo el instinto del asesino cereal. Primero que nada, Gamés destruiría esa infernal máquina a martillazos: calientitouusssss.

Gilga aprovecha la ocasión para declarar en público que el tamal es un alimento ancestral y retrógrado, una bola de masa intragable con pedazos de pollo desmenuzado. Los aztecas le ponían carne humana (de verdad).

Normalmente, el tamal calientito hay que combinarlo con champurrado, un atole pestilente y espeso, para pasar por el gañote el mazacote (ote-ote). La última vez que Gilga comió un tamal trascurría una fiesta infantil, por poco se le atora la masa en el cogote. El tamal calientito es una gran empresa que ha invadido la ciudad con modestos vendedores que irrumpen en la casa de usted. ¿Pagan impuestos? En fon, no nos disfracemos de agentes de la Secretaría de Hacienda.

Legislar
Los escrúpulos y la debilidad de Gamés le han impedido convertirse en un asesino cereal. El Congreso de la Unión alista una bolsa de 132 millones para pagar a senadores y diputados sus aguinaldos, dietas mensuales y otras ayudas muy necesarias para las urgentes vidas de los legisladores. Los diputados recibirán 194 mil pesitos; los senadores 274 mil.

Gil no es de la opinión de Liópez que consiste en prometer que nadie cobrará un peso, nomás faltaba. Ahora mal: ¿no habría convenido mandar una señal y rebajar los estipendios de los colaboradores? Un pequeño porcentaje de sus gratificaciones podría padecer un pequeño ajuste para que no mueran de hambre los gorditos. La mentira sea dicha (muletilla patrocinada por Grupo Gilga), nadie ha medido todavía la obesidad de las cámaras. A nadie le importa, pero un gordo no legisla igual que un hombre en forma. Las campañas de la Secretaría de Salud indican que los gordos tienden a tener problemas cardiacos y renales.

Suena feo, pero a los legisladores muy gordos se les debería retirar el voto en alguna de las sesiones. Usted no vota porque está muy botijón. Sí, ya sabe Gamés que la Cofepris le llamará la atención por sus comentarios discriminatorios. Mju.

Acapulco
¿Cuándo murió Acapulco?, preguntó Gil para sus adentros. La ciudad más peligrosa del mundo muere de violencia encarnizada. Como sea, miles de policías federales han llegado al puerto para proteger a los maestros que pretenden evaluarse. Aquello era una zacapela (quizá no era zacapela, pero lo parecía). Si Gil observó bien, los maestros fueron alojados (sí, voz pasiva) en el Hotel Princess, o uno del rumbo de Punta Diamante. Aunque parezca raro, muy raro, la Policía protegió a los maestros que quisieron realizar el examen. Gamés no quisiera aguar la fiesta de nadie, pero ha pensado esto: entonces sí se podía. ¿Y por qué rayos y centellas, el gobierno no decidió en su momento replegar a los maestros? Sepa la bola. Ya empezó diciembre y todos esperan el Guadalupe-Reyes. Consejo: no ahorren, péguenle al aguinaldo.

La máxima de Napoleón espetó dentro del ático de las frases célebres: “Una cabeza sin memoria es una plaza sin guarnición”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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