Opinión

Arte y libertad de expresión

19 marzo 2015 5:0
   
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Capilla Sixtina

Pareciera que nuestro mundo está en un constante grito de auxilio, bajo un peligro inminente. La absurda violencia en nuestro país; el reciente atentado en París a la revista Charlie Hebdo; el fundamentalismo religioso; el crecimiento de ideologías radicales y Estados que las implementan a toda costa; crisis económicas y sociales, crímenes de género u odio... Los horrores del mundo contemporáneo parecen no tener fin, aunque la Historia nos recuerda que así ha sido siempre.

Pero ante la ignominia se han levantado voces, se han puesto en acción grupos e individuos; también la Historia es testigo de eso. En la columna pasada, hablábamos sobre la importancia de la pluralidad del pensamiento crítico y el vacío que dejan los grandes periodistas, y justo comenzamos la semana con este imperdonable acto de censura hacia una de las voces más importantes de México, la de Carmen Aristegui.

Un ámbito desde donde se ha denunciado y luchado contra las intransigencias de los sistemas políticos y sociales, ha sido el arte. Mucho antes de su institucionalización en el siglo XVIII, el arte siempre se ha considerado una actividad en la impera la libertad; y el artista, como ese personaje romántico ajeno a los tabúes, cuyo compromiso es únicamente con su obra y cómo esta existirá en el mundo.

La Historia está colmada de ejemplos donde el artista es coercionado a modificar o cancelar ciertos mensajes en sus obras. Es decir, el arte siempre ha sido víctima de censura e intolerancia a la libertad de expresión. Desde Miguel Ángel y sus conflictos con el Papa Julio II por los desnudos en los frescos de la Capilla Sixtina que lo obligaron a huir de Roma en 1506; Edouard Manet y sus polémicos Almuerzo en la Hierba (1863) y El Fusilamiento de Maximiliano (1863), que le costaron la censura en el Salón Nacional de Pintura de París; el encarcelamiento del poeta Oscar Wilde por su preferencia sexual en 1895; la persecución de artistas, escritores e intelectuales por los regímenes fascistas europeos en la década de los 30 y 40 del siglo XX... Las cosas no han cambiado mucho en nuestros días.

Las amenazas de muerte al escritor Salman Rushdie en 1989 por su libro The Satanic Verses; la encarcelación y tortura del artista chino Ai WeiWei efectuado por el gobierno comunista de aquel país, que también destruiría su estudio de trabajo por supuestas irregularidades; el artista cubano Angel Delgado fue encarcelado en 1990 por defecar sobre el periódico oficial El Granma como parte de un performance; la más reciente detención, también en Cuba, de la artista Tania Bruguera, quien solamente instaló un sistema de audio y un micrófono en la plaza central para la realización de su peformance, donde cualquier persona podía tomar el micro y decir lo que quisiera.

El debate por la libertad de expresión está abierto, pues es el signo de una cultura con valores continuamente cambiantes. Por eso es importante defenderla. Es un derecho que se ha ganado con esfuerzo, lucha, incluso la vida de muchos agentes y personajes; enriquece y ayuda al desarrollo de las instituciones políticas y sociales. Es el resultado de un pensamiento libre.

El arte abandonó la belleza y el simple goce estético para ser algo más grande, algo que importara. La libertad de expresión a veces incomoda, pero es un rasgo contemporáneo el aceptar la controversia y la diversidad de opiniones, tomar riesgos artísticos y experimentar creativamente. Porque sabemos que el hilo de la cultura siempre reventará por su lado más delgado.


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