Opinión

Arrendamientos: los grandes cambios que se avecinan

 
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Por Víctor Hugo Vázquez Aguilar*

La figura del arrendamiento es muy importante y común para empresas de diferentes tamaños e industrias, y representa una opción importante de financiamiento y de administración de liquidez a distintos plazos.

Últimamente se ha vuelto objeto de discusión entre las compañías, pues su tratamiento para efectos de reporte financiero está a punto de cambiar de manera importante, debido a que los principios y criterios contables que actualmente rigen su registro se han transformado y
derivado en nueva normatividad financiera que entrará en vigor a partir del 1 de enero de 2019; por lo anterior, el Comité Técnico Nacional de Información Financiera del IMEF considera importante que las empresas conozcan los cambios que se avecinan.

Cada una de las nuevas normas tendrán su propia relevancia en nuestro país; por un lado, está la Norma Internacional de Información Financiera 16 (“IFRS 16”, por sus siglas en inglés), emitida en enero del año pasado. Asimismo se observa la Norma de Información Financiera (“NIF”) D-5, que actualmente se encuentra en proceso de auscultación y que será emitida ya como norma final por el Consejo Mexicano de Normas de Información Financiera durante el último trimestre de este año.

Finalmente, la homóloga bajo los principios estadounidenses conocidos también como USGAAP es la ASC 842, que aunque no es plenamente convergente con la IFRS 16 y la NIF D-5, comparte aspectos esenciales.

¿Quiénes serán los más afectados? Resentirán principalmente los cambios los arrendatarios que tengan celebrados arrendamientos operativos. Esto es porque tanto para IFRS como para NIF y USGAAP, los principales cambios con respecto a las guías de arrendamientos
actuales se basan en un principio fundamental: todos los arrendamientos dan lugar a activos y pasivos y por lo tanto deben reflejarse en el balance general.

Con este principio, quienes preparen sus estados financieros bajo IFRS o NIF ya no tendrán que clasificar sus arrendamientos como financieros/capitalizables u operativos, delineando los cambios en el balance general de la siguiente manera: mayores activos (“derechos de
uso”) y mayores pasivos financieros, y en el estado de resultados, una carga por amortización o depreciación de los derechos de uso y una carga adicional por los intereses que se devenguen de los pasivos financieros.

Sustituida por estos conceptos, no veremos más la línea operativa de gasto por renta (sólo bajo ciertas excepciones limitadas), por lo que se espera también una mejora en la métrica de desempeño de utilidad antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones, mejor conocida como EBITDA.

Para tener una idea de este efecto, destaco un estudio de la Universidad de Rotterdam y PwC que consideró una muestra de 3 mil 199 entidades que cotizan en bolsa fuera de los Estados Unidos y que reportan bajo IFRS, el cual arrojó que en promedio, las entidades experimentarían un incremento de su deuda en 22% y un incremento promedio de su EBITDA en 13%.

La contabilidad para arrendadores no se modifica sustancialmente; sin embargo, no estarán exentos del todo de los cambios por venir, ya que posiblemente tengan que repensar ciertos aspectos de su modelo de negocio, pues aunque los arrendamientos no perderán su atractivo, sus clientes (los arrendatarios) ciertamente están mostrando inquietud por los impactos financieros que vienen con las nuevas normas, y se espera que algunos se replanteen la decisión de origen: rentar los activos vs comprarlos.

¿Quiénes serán los más beneficiados? En general, todos los usuarios de la información financiera, desde inversionistas, analistas, bancos, reguladores y por supuesto, los mercados de deuda y capital, cuya lectura de la situación financiera de las empresas será más clara,
permitiendo tomas de decisiones más y mejor informadas. Esto es porque las nuevas normas buscan abordar problemas de transparencia, comparabilidad y diversidad en la práctica, que se considera que hoy en día existen con las reglas actuales.}

Finalmente, para el Comité Técnico Nacional de Información Financiera es importante destacar que los impactos de estas nuevas normas trascenderán a lo meramente contable, pues las empresas pudieran también experimentar cambios en sistemas, procesos, controles, cumplimiento de covenants bancarios, fiscales, entre otros. Definitivamente, este es un tema que las empresas deberán seguir analizando con todo cuidado.

*El autor es vicepresidente del Comité Técnico Nacional de Información Financiera del IMEF

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