Opinión

Aristegui: periodismo de ficción


 
 
Considerada como la Pasionaria del periodismo antisistémico y por tanto parcial y tendencioso, la conductora radiofónica Carmen Aristegui acaba de ser analizada en un libro sobre siete casos de cobertura informativa para concluir que se trata de ejercicios de “periodismo de ficción”.
 
El libro, que comenzará a circular en librerías en unas horas, es de la autoría del periodista y académico Marco Levario Turcott y se titula precisamente El periodismo de ficción de Carmen Aristegui (Ediciones Urano, Barcelona y México): no se trata de acusaciones sino de análisis minucioso de siete coberturas informativas de la periodista de radio en la que encontró evidencias concretas de manipulación, engaño, tergiversación y violación de todos los códigos de ética periodísticos.
 
Ahora acurrucada por empresas periodísticas antisistémicas y de oposición, Aristegui nació de las entrañas del sistema y su ruptura no ha sido en función de ideas sino más bien de conquista de una posición de empresaria de sí misma. Y Levario Turcott recupera lo que sería el estilo personal de criticar de Aristegui: no como periodista basada en evidencias sino a partir de lo que ella misma llama el “derecho a la suspicacia”, una contradicción jurídica porque el derecho se sustenta en reglas claras y leyes específicas y la suspicacia es solamente la sospecha.
 
El recuento de Levario Turcott revela contradicciones, mentiras y manipulaciones de Aristegui en siete casos concretos: su ruptura con la W Radio, su denuncia sin pruebas y sólo basado en una afirmación del presunto alcoholismo de Felipe Calderón y en ese caso la forma en que ahorcó a MVS para regresarla a su espacio a pesar de haber violado los códigos de ética de la empresa, la denuncia del empresario De Aquino sobre presuntos contratos con el PRI, la denuncia política de López Obrador contra Soriana que resultó otra gran mentira, la insistencia en el Monexgate sin aportar pruebas, la campaña vinculada los intereses de Carlos Slim por el caso de los narcos atrapados en Nicaragua y que ella siempre afirmó sin pruebas que eran de Televisa y el caso de los documentos de gasto de campaña del PRI que difundió el periódico The Guardian y que tuvo que reconocer que no pudieron probar su veracidad.
 
En todos esos asuntos, Aristegui utilizó los micrófonos para campañas que respondían al concepto de difamación y luego haciéndose a un lado por carecer de pruebas. El libro de Levario Turcott es minucioso, recopila datos verificables y sus conclusiones están sostenidas por referencias legales. En cambio Aristegui ha hecho de sus denuncias sin pruebas un ejercicio del “periodismo de la suspicacia” o, como lo exhibe Levario Turcott, de “periodismo ficción”.
 
Levario Turcott es un acucioso investigador del periodismo, dirige la revista etcétera desde hace doce años y ahí desarrolla un modelo de observación crítica del oficio periodístico, además de profundizar el lado jurídico de la libertad de expresión. La recopilación de datos de Levario Turcott es más que suficiente para apuntalar los criterios de evaluación del periodismo de Aristegui. De ahí que su libro debe convertirse en básico en escuelas de periodismo porque el autor aporta un método de análisis de contenido de trabajos periodísticos.
 
Los casos estudiados por Levario Turcott exhiben ese periodismo de suspicacias pero también de militancias políticas de la conductora porque no se ha ocultado nunca que los programas de Aristegui son boletines radiofónicos del grupo político de López Obrador y bocinas de las denuncias sin pruebas del tabasqueño y aliados, es decir, un periodismo parcial. Y el libro aparece en el contexto del premio a Aristegui por “excelencia periodística” otorgado por el Pen Club México.
 
 
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