Opinión

Aproximaciones y reintegros

 
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Papa Francisco

Gil dejó crecer en su alma algunas preguntas misericordiosas y no por eso menos enigmáticas en la víspera de la llegada de su Santidad a México. La primera de ellas se ha impreso en el corazón no tan devoto de Gamés: ¿cuál es el sentido de que la Lotería Nacional inserte en todos los periódicos habidos y por haber una página anunciando el sorteo Magno número 359 cuyo premio en tres series asciende a 75 millones de pesos con la imagen del Papa Francisco? El anuncio de marras (palabra favorita de Gamés) dice: “ahora sí, la suerte está en tus manos”, y a un lado este mensaje piadoso: “Papa Francisco. Misionero de Misericordia y Paz”.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y hesitó: ¿hay una relación mecánica entre la suerte y el Papa? ¿Si Gilga compra un huerfanito, gana algo, aunque sea un reintegro? Gilga no quiere ponerse roñoso, pero caramba, amigos de la Lotenal, gástense el dinero público en otros asuntos de beneficencia. Por lo demás, Gamés está convencido de que Bergoglio lee a diario to-dos los periódicos mexicanos y de que gracias a estos esfuerzos de comunicación social, su Santidad se enterará de que será bienvenido en la Ciudad de México, en Tuxtla, en Morelia, en Juárez. En el amplísimo estudio se escuchó un lamento desgarrador: ay, mis hijoos sin Voltaire.

PROCESO
Otra pregunta misericordiosa. La edición especial de su revista Proceso con motivo de la visita papal a nuestra aldea, perdón a nuestra vigorosa y moderna nación, ostenta una gran fotografía de Bergoglio y un gran título: “Francisco, el dulce guerrero”. Así como lo leen, ni una palabra más, pero ni una menos. Gilga sabe que la revista Proceso ha sido concebida por algunos periodistas y escritores católicos. Santo y malo, o como se diga. Aquí viene la pregunta misericordiosa: ¿la archirecontracrítica revista Proceso deja pasar así nomás la imagen inmaculada del Papa y el Vaticano, del Papa y los negocios de la Santa Iglesia católica? ¿A esto llamaremos periodismo de investigación? El dulce guerrero; para dulces, los de Morelia, en fon.

Critiquemos todo, destruyamos los cimientos del régimen corrupto; taladremos a las instituciones, denunciemos robo tras robo, limpiemos los pisos con maestro limpio y con la reputación de diversos personajes y en su momento, en el reclinatorio, escribamos en nuestra portada hors de serie (traducción: fuera de serie): “Francisco, el dulce guerrero”. Un lamento desgarrador se oyó en el amplísimo estudio: ay, mis hijoos sin Francisco Zarco y sin Ignacio Ramírez, sin Guillermo Prieto y sin Ignacio Manuel Altamirano.

TELLO Y CAMACHO
Hasta donde Gil entiende, el columnista de las páginas editoriales de un periódico puede hacer con su espacio lo que le dé su regalada gana hasta que el director o el dueño de la empresa de comunicación así lo decidan. No nos metamos a camisa de treinta varas y libertades de expresiones. Gil les trae sin costo alguno otra pregunta misericordiosa.

En su periódico Milenio, el escritor Carlos Tello, autor de una flamante y colosal biografía de Porfirio Díaz, buen autor entre los buenos, escribió este primer párrafo: “‘No cambió las palabras, pero cambió la música’, dijo la revista Time al nombrar al papa Francisco, en 2013, la personalidad del año. Es cierto que cambió la música (el tono, la percepción del Vaticano). Pero me parece que cambió también las palabras, para bien. Por eso le quiero dar la bienvenida”.

Carlos puede darle la bienvenida a quien diga y mande, nomás faltaba, pero, y aquí la pregunta misericordiosa: “¿cuál es el sentido de que un articulista dé la bienvenida al Papa? Quizás en este momento Bergoglio le comenta a uno de los hombres de su séquito: “qué amable este joven Tello, Devoto Sutano, mira, me da la bienvenida”. En fon, Gil se pone de rodillas y dice: caracho, no despojemos de su papel natural a Norberto Rivera, salvo que pensemos que el arzobispo primado es un hombre desinteresado, un compañero de ruta, un amigo.

Una última pregunta misericordiosa. El caricaturista Daniel Camacho, a quien Gil busca cada día en su periódico Reforma con ganas de sonreír, dibujó un montón de escombros, una ciudad en ruinas, pedazos carbonizados que, uno supone, componen y descomponen a México. Y sobre las ruinas un letrero espectacular con el Papa que dice: “Bienvenido”. Gil siente y disiente. Camacho se ha equivocado: las ruinas quizás correspondan a Damasco, pero Bergoglio no viaja a Siria, sino a México que, con todos sus enormes problemas, todavía no es Siria. ¿Ha visto Camacho una fotografía de Damasco? Seguramente sí.

Así las casas (gran muletilla patrocinada por Grupo Higa), Gil propone con la humildad de San Martín de Porres que estas preguntas misericordiosas acompañen a la lectora y al lector en este día de luces divinas. Por cierto, el único columnista que estará reluciente y al día, ni mandado hacer para burlarse con seriedad de todos estos días es el grandísimo Santo Oficio. Se sabe que Gilga es uno de sus cuatro lectores.

Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los camareros disfrazados de acólitos acercan las bandejas que soportan los Glenfiddich (en plural), Gamés pondrá a circular la máxima de Nietzsche por el mantel tan blanco: “Tener fe significa no querer saber la verdad”.

Gil s’en va

Twitter: @GilGamesX

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