Opinión

Antonio Guterres, Secretario General de la ONU. Buena selección. ¿Más democracia a futuro?

18 octubre 2016 5:0
 
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Acuerdo cambio climático ONU

Cuando supe que el portugués Antonio Guterrez había sido designado próximo Secretario General de la ONU tuve sentimientos mixtos.

Por un lado me dio gusto que un hombre que conocí como Primer Ministro de Portugal y respeté como miembro del triunvirato organizador del Simposio Internacional sobre las Drogas de Estocolmo en 1998 (junto con Ernesto Zedillo y Goran Persson) había sido designado por el consejo de Seguridad de la ONU.

Por el otro tuve la decepción de que no llegara alguna de las mujeres que aspiraron al puesto, con gran capacidad y experiencia, incluyendo a la Neozelandesa Helen Clark que traté cuando era PM de su país. A pesar de los avances de esta ocasión, en que se transparentó el proceso de candidaturas, el sistema de elección sigue siendo el menos democrático y más secreto del planeta, dominado por el veto de los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Urge cambiarlo como lo he propuesto aquí en varias ocasiones. Esperemos que la próxima vez así sea.

En todo caso, Antonio Guterres tiene muy buenas credenciales. El dirigente socialista encabezó entre 2002 y 2015 dos gobiernos de bonanza económica para su país; concluyó la descolonización portuguesa en Asia; puso en marcha la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa y demostró gran habilidad como Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en el periodo 2005-15. En esta década los conflictos de Medio Oriente elevaron el número de desplazados por la fuerza de sus hogares a 65 millones de personas y de ellos 21 millones de refugiados en todo el mundo, cifras sin precedentes desde finales de la 2ª Guerra Mundial.

En este sentido la llegada a la ONU como 9º Secretario General de un hombre pragmático, experimentado, honesto, con capacidad de liderazgo y conciencia social me parece un acierto.

Sin embargo, su tarea no será tarea fácil, pues la ONU no pasa por uno de sus mejores momentos. Sus misiones fundamentales- el mantenimiento de la paz y la seguridad y la promoción de los derechos humanos y el desarrollo encuentran múltiples obstáculos.

En todos estos frentes la Organización parece ser impotente, socavada por las grandes y medianas potencias que se ocupan más de sus intereses estratégicos particulares, por ejemplo en guerras civiles que desangran Afganistán, Siria, Irak, Yemen y Libia y que azotan al Sahel Africano con presencia incontrolable del estado Islámico, el yihadismo y los grandes intereses petroleros públicos y privados.

Varias de las operaciones de paz sobre el terreno de la ONU tampoco están resultando efectivas, como se observa en Sudán del Sur, Haiti, la RD del Congo y la República Centroafricana. Es más, algunos contingentes de cascos azules están acusados de negligencia y abusos de diversa índole.

Lo más grave es que la ONU en las últimas dos décadas está siendo marginada de los procesos negociadores cruciales, ya se trate del acuerdo nuclear de los EUA con Irán, de la problemática entre Israel y Palestina, de la guerra de Siria o de la superación de la gran crisis económica de 2008-9, en la que el G-20 reemplazó al más democrático Consejo Económico y Social.

Al concluir su mandato en diciembre de 2015, el mismo Guterres lamentó los problemas que enfrentaba ACNUR: descenso de las donaciones humanitarias y obtención de menos de la mitad del monto solicitado para atender a los refugiados de Siria, lo que ha conducido a la organización y al Programa Mundial de Alimentos a reducir personal y proyectos clave.

A partir del 1º de enero del 2017, le tocará al portugués liderar la ONU y heredar la crisis de Siria en la que el Consejo de Seguridad ha fallado patentemente. En el pasado ha protestado fuerte en varias ocasiones -a diferencia de Ban Ki-moon que solo en vísperas de salir ha sido más crítico con las potencias.

¿Podrá recuperar Guterres gradualmente los espacios perdidos? La situación actual del conflicto parece requerir- como señaló Mark Seddon en The Guardian (6-10-16), más músculo y mayor presencia de la ONU y su Secretario General en el terreno del conflicto, con intenso apoyo diplomático de primera línea en todas las capitales de los países involucrados y particularmente de los EUA y Rusia, cuyo entendimiento y cooperación son cruciales para la solución de los conflictos de ISIS, del Medio Oriente en general y aun de la península coreana.

Todos los observadores políticos coinciden en que Ban Ki-moon fue efectivo en lograr acuerdos sobre cambio climático, desarrollo sustentable y promoción de energías renovables. Sin embargo, el hombre que a su llegada a la ONU hace 10 años decía que su mayor problema era Darfur en Sudan, ha visto desde entonces impotentemente crecer la violencia, el racismo, las guerras, los crímenes de lesa humanidad y las migraciones; y observar cómo se modifica el poder político, económico y tecnológico relativo de los países en el planeta con flagrante inequidad.

La gobernanza global requiere una revisión a fondo, comenzando por la ONU y la forma en que elige a sus líderes.

El primer Secretario General, Trygve Lie de Noruega, describió su puesto como “el más imposible trabajo en la tierra”. Tenía solo 50 naciones con que lidiar y un equilibrio básico entre Occidente y los Países Socialistas, con un consejo de Seguridad que incluía como miembros permanentes a los ganadores de la 2ª Guerra.

Hoy Guterres tiene casi cuatro veces más países (193) de que ocuparse en un mundo multipolar- con una Asia ascendente, y una sub-representación en sus órganos de gobierno de Asia, África y Latinoamérica, que exige cambios de fondo, pero se enfrenta a la terca resistencia de los poderosos fundadores. Además el Secretario General tiene que administrar una enorme burocracia en su sede en NY y en el resto del mundo. Ella incluye a los 100 mil integrantes de las fuerzas de paz.

En la práctica este puesto tan demandante posee básicamente la autoridad que le permitan tener las grandes potencias en turno. Ello exige un enorme realismo y a la vez un apasionado idealismo, liderazgo moral y gran habilidad para lograr negociaciones eficaces entre ellas y con el resto de la comunidad internacional. Ello demanda también capacidad para conseguir y movilizar recursos financieros para atender múltiples objetivos y prioridades- a veces en conflicto- y buen juicio y temple para seleccionar a las mejores personas para acompañarlo -evitando las trampas y presiones de los gobiernos.

¡Buena suerte!

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