Opinión

Ante la crisis, las
finanzas locales

 
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Gasolina. (El Financiero)

Ante la débil capacidad contributiva de los ingresos propios y la caída que se ha dado en las participaciones respecto al año pasado, en las entidades federativas se empiezan a presentar problemas fiscales y muchas preocupaciones, a pesar de la existencia del Fondo de Compensación (el FEIEF) y de las participaciones derivadas del IEPS positivo, que compensan el efecto de la caída del precio, con el costo de mantener precios internos de la gasolina altos, cuando el petróleo está barato en el mundo. El impuesto adicional que se genera en la gasolina, ayuda en la coyuntura, pero no resuelve los problemas de mediano plazo de las haciendas subnacionales y locales, mucho menos los estructurales. Tendrán que ajustar su gasto en 2016.

Lo anterior es más grave para los gobernadores y presidentes municipales, que están en campaña, porque no saben a lo que van y su equipo actual no lo conforma personal capacitado para lo que sigue. Ahorita es clara su preocupación: ganar la elección, por ello sus ofertas de gobierno en su mayoría son lugares comunes, sin embargo, piensan que así ganarán, y seguro tienen razón, pero pocos atienden la elaboración de su programa de gobierno y menos piensan en las primeras acciones. Un ejemplo negativo es lo referente al impuesto a la tenencia, desaparecido o depredado en su base, el cual fue promesa de campañas pretéritas. El impuesto les daba recursos importantes que hoy les faltan; incluso algunos gobernadores han solicitado recursos extraordinarios por el importe de lo que dejaron de cobrar por ese impuesto.

Algunos lo entendían pero como el contrincante lo iba a proponer, se tenían que adelantar, lo prometieron en campaña y “lo tenían que cumplir”, ante la congoja de sus secretarios de Finanzas. Claro, ahí estaba la deuda como opción.

Las actitudes de algunos gobernadores, que no todos por supuesto, las ejemplifico con una anécdota de los años noventa: un buen amigo, secretario de Finanzas en su estado, yo lo era en el mío, me comentó que su gobernador quería endeudarse para una carretera, que era un seguro desastre financiero y sería el epitafio profesional de mi cuate. Mi consejo y su decisión, fue la renuncia, pero dos o tres sexenios después repitió en el cargo y dos veces, cuando su último gobernador le pidió firmase un crédito que no era correcto, mi amigo con razón ¡volvió a renunciar! Hoy se dedica a su profesión y su estado [está] quebrado.

El futuro de las finanzas estatales y municipales será restringido en lo fiscal. Por un lado, la gran dependencia de las transferencias federales y el reducido potencial recaudatorio de sus ingresos propios. Por el otro, las fuertes presiones de gasto que afrontarán, sean los pasivos que deja el FAEB, los pari passus y en algunos casos el servicio de su deuda pública. Por lo que inexorablemente tendrán que ajustar su gasto para 2016. No deberán endeudarse a lo loco –ni podrán–, aunque ofertas no les faltarán para reestructurar. Deberán tener presupuestos austeros basados en resultados y, aunque no les guste, deberán cobrar impuestos.

Hoy algunos buscan mejores condiciones en la colaboración administrativa. Proponen a Hacienda, en el nuevo convenio, la fiscalización de grandes contribuyentes, excepto las de gobiernos, lo cual se ve difícil se les dé, pero debe seguir en la agenda. Un pasito sería que se les diera 100 por ciento de la recaudación del ISR sobre la enajenación de inmuebles, que hoy el gobierno federal les comparte.

Deberán insistir, por ejemplo Nuevo León y Sonora, en recuperar facultades impositivas de mayor potencial recaudatorio e incluso en analizar la descoordinación, no deseable, pero posible, por lo menos como instrumento de negociación.

Twitter: @davidcparamo

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