Opinión

Ansiosos por Trump

 
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Trump.

Muchos ya quisiéramos que fuera viernes y que Donald Trump ya hubiera llegado a la Casa Blanca.

No por querer verlo como presidente, sino por resolver las incógnitas y saber qué hacer y cómo responder.

Hay dos hipótesis principales.

La primera la sostienen muchos conocedores de la política norteamericana y dice que lo mínimo que tenemos que esperar de Trump es que cumpla lo que dijo en su campaña. Esto implicaría lanzar de inmediato la renegociación del TLCAN; construir el muro en la frontera, explorar un impuesto fronterizo de 35 por ciento y algunas cosas más.

Y, si la Oficina Oval lo envalentona, podríamos esperar algunas cosas más, como el impuesto a las remesas u otros ataques a México.

La segunda señala que Trump, con un ADN de empresario, y con otros empresarios más en su entorno inmediato, va a hacer mucho ruido antimexicano, pero con pocas consecuencias prácticas.

Es decir, que en términos concretos estaría dispuesto a una renegociación del TLCAN que tuviera el propósito de dar ventaja al bloque norteamericano frente a China; que reconociera que ya hay muro, barda, valla o lo que fuera en la frontera y que sólo edificará algunos tramos emblemáticos y que le pusiera el acento a otros temas y conflictos geopolíticos que no tienen que ver directamente con México.

Salvo que uno fuera del equipo más cercano de Trump, nadie sabe bien a bien qué traerá consigo en el arranque de su mandato, tanto en su discurso de inauguración como en las decisiones de los primeros días.

Como en toda buena negociación, creo que México debe darse todas las opciones, y el gobierno debe considerar todos los escenarios.

Si, para sorpresa de muchos, Trump empieza a actuar racionalmente al llegar a la Casa Blanca, hay que tener los conductos para plantear que una buena relación con México y la preservación de las cadenas de valor es imprescindible para enfrentar comercialmente a China.

Pero, si, como muchos piensan, sigue con un nacionalismo irracional y ve a México como el país contra el que puede derivar sus posiciones, hay que tener entonces los recursos para ponerle un alto.

En el primer caso, la relación de Videgaray con personas cercanas e influyentes con Trump, como Jared Kushner, yerno y consejero de Trump, puede ser muy útil.

En el segundo caso, la clave es tener una estrategia de negociación agresiva y eficaz, que parta de la base de que México se va a ir del TLCAN salvo que los norteamericanos cedan a nuestras pretensiones.

Eso hizo José Ángel Gurría cuando negoció la deuda externa en 1989-90 o Herminio Blanco y Jaime Serra, cuando negociaron el TLCAN en 1990-92.

Y eso implicaría seguramente poner una cara agria frente a Trump.

La buena negociación se deriva de tener los dos recursos.

José Ángel Gurría se levantó varias veces de la mesa, dando por terminadas las negociaciones con los banqueros y puso todo listo para declarar una moratoria de los pagos. Al final, se logró un acuerdo, celebrado por todos.

Serra canceló más de una vez la negociación del TLCAN, como parte de la estrategia. Al final se firmó y contra lo que dice Trump, es uno de los mejores acuerdos de Estados Unidos (y de México) en toda la historia.

¿Habrá hoy el talento que hubo entonces? Más nos vale que el gobierno y el sector privado lo tengan.

Twitter: @E_Q_

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