Opinión

Anomalisa: el infierno somos nosotros


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Anomalisa

Es fácil identificar el cine de Charlie Kaufman. Sus personajes son guiñapos con ínfulas creativas, farsantes o fracasados, tímidos misántropos para los que no hay mayor desilusión que su propia vida: Joel (Jim Carrey), en Eternal Sunshine of the Spotless Mind, un tipo aburridísimo al que el destino le sonríe al cruzarlo con una mujer distinta a él; Craig (John Cusack), en Being John Malkovich, un aspirante a titiritero que encuentra una manera de habitar la mente de un hombre rico y famoso; Charlie (Nicolas Cage), en Adaptation, un guionista maniatado por su dizque integridad, incapaz de adaptar un librito al cine. Finalmente está Michael (David Thewlis), al centro de Anomalisa, un autor promiscuo, viviendo en automático, de paso por Cincinnati para dar una conferencia.

ANOMALISA
Año: 2015
Director: Charlie Kaufman
y Duke Johnson
País: Estados Unidos
Productores: Rosa Tran, Duke Johnson, Charlie Kaufman y Dino Stamatopoulos
Cines: Cinépolis, Cinemex, Cineteca Nacional y Cinemanía


Las preocupaciones y los temas de Kaufman son similares, y su estilo siempre es reconocible. ¿Cómo definirlo? Realismo mágico con matices borgianos, quizás. Una vertiente posmoderna de las narrativas más lúdicas de Woody Allen (Joel, Craig y Charlie son judíos neuróticos, aunque no lo sean abiertamente), anclada en recursos fantásticos: pasadizos que llevan a cuerpos ajenos, empresas que borran recuerdos, obras replicadas dentro de sí mismas hasta el infinito…

Por más descabelladas que suenen, las premisas de Kaufman funcionan porque tienden a iluminar verdades incómodas. Being John Malkovich no es una tragicomedia alucinante sobre el proceso de convertirte en otro ser humano tanto como una observación sobre la inmutabilidad de nuestro carácter (Kafka, supongo, también quería narrar algo más hondo que la historia de un hombre transformado en insecto). Craig posee a Malkovich y al cabo de un tiempo lo anula: habitar otro cuerpo no borra sus defectos, pule sus manías o reblandece sus neurosis. Fabulista contemporáneo, Kaufman nos impulsa a observarnos mediante situaciones imposibles.

En Anomalisa, su primera película animada, Kaufman vuelve a muchos de sus temas anteriores, como la condición fugaz de un romance en apariencia idóneo, piedra angular de Eternal Sunshine of the Spotless Mind, dirigida por Michel Gondry. Recreando con verosimilitud la atmósfera impersonal de un hotel, así como las conversaciones anodinas, la cortesía impostada y el small talk inane con gerentes, taxistas y botones, Kaufman mete a Michael en una recámara de cuatro estrellas, donde el escritor no tarda en impacientarse y contactar a un viejo amor. Empezamos a percibir algo extraño en las distintas personas con las que Michael se cruza, ya sean conocidos, familia o empleados del hotel. Todos comparten rostro y voz, precisamente porque Michael, un hombre harto de la gente, ve a toda la humanidad como si fuera el mismo soporífero ser humano.

Kaufman acierta al elegir a Tom Noonan como el intérprete de estos personajes: un actor, magnífico en papeles perversos (The House of the Devil, Manhunter), con una voz apenas masculina, inquietante pese a su tibieza. La decisión le imprime a Anomalisa un tono pesadillesco desde el inicio. Michael eventualmente escucha una voz distinta a las demás. Le pertenece a Lisa (la excepcional Jennifer Jason Leigh), una mujer parlanchina, pero insegura, que vino a Cincinnati para acudir a la conferencia de Michael.

Anomalisa es lo más desgarrador que ha escrito Kaufman: un retrato de un hombre insatisfecho que no sabe reconocer la naturaleza efímera de los placeres fáciles. Los personajes de Kaufman son trágicos, en tanto que son ellos quienes se desprecian, quienes no pueden ver al mundo con ojos distintos. El infierno no son los otros. El infierno son ellos mismos.

Twitter: @dkrauze156

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