Opinión

¿Año nuevo, vida nueva?

 
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El vino rosado Uriel se sugiere como aperitivo para cualquier tipo de comida. (Cortesía)

Termina un año, empieza otro.

Somos muchos los que queremos cambiar para ser mejores ¿Sólo buenas intenciones?

Hagamos, pues, unas preguntas, unas cuántas preguntas que nos obliguen a reflexionar, aprovechando el espíritu navideño que todavía nos invade.

¿Cuál es el balance del año?

¿Cuáles fueron mis aciertos? ¿Y mis errores?

¿Cómo aprovechar en el futuro lo positivo y evitar lo negativo? ¿Cómo aprender de mis tropiezos?

¿Quién soy yo ahora y quién quiero ser en el futuro?

¿El camino que he recorrido hasta hoy es el correcto?

¿Soy simplemente un conformista que le cuesta trabajo cambiar?

¿Acepto los riesgos que implican los cambios? ¿Los rechazo?

¿Más de lo mismo? ¿Mejorar lo que estoy haciendo? ¿Arriesgarme a hacer cosas nuevas?

¿Cómo aplica todo esto a mi vida personal? ¿Y a mi actividad profesional?

¿La relación con mi familia es la adecuada? ¿Y con Dios? ¿Y con mi prójimo? ¿Y conmigo mismo?

¿Me siento bien en mi actividad diaria? ¿Disfruto mi trabajo? ¿Lo hago sólo por rutina? ¿Por temor al cambio?

¿Qué debo hacer para ser el mejor en lo que estoy haciendo? ¿Acepto el reto de lo que esto significa?

¿El tener domina al ser? ¿Es el ganar dinero mi verdadera motivación?

¿O me atrae alimentar mi vida espiritual y ser día con día una mejor persona en todo el sentido de la palabra?

¿Me deleito en criticar a las autoridades y a mi prójimo? ¿Hago algo para mejorar aquello que critico?

¿Acepto la responsabilidad de luchar por aquello en lo que creo?

¿Pienso seriamente en mi futuro y no sólo en el presente?

¿Le doy a mi familia el lugar que merece? ¿A mis hijos? ¿A mis padres? ¿A mi esposa? ¿O me absorbe el trabajo el tiempo que ellos merecen y necesitan?

¿Me empeño cada día en ser una mejor persona, un profesional mejor, un padre de familia ejemplar?

¿Los valores me valen? ¿El dinero o el éxito aparente es lo que verdaderamente me motiva?

¿Me importa mucho –demasiado- lo que los otros opinan de mí? ¿O prefiero estar bien conmigo mismo?

¿Cuido mis amistades? ¿Las respeto? ¿O quiero tomar ventaja de ellas?

¿Gozo la vida? ¿Aprovecho todo lo bueno que me ofrece?

¿Disfruto de la naturaleza y veo en ella la obra maestra de El Señor?

¿Contemplo la grandeza del universo y mi insignificancia frente a él?

¿Veo en mi insignificancia la obra maestra de El Señor y por tanto mi grandeza?

¿…….?

¡Qué fácil es hablar del cambio! ¡Qué difícil llevarlo a cabo! Pero siempre hay que intentarlo.

Mañana será otro día.

Presidente de Sociedad en Movimiento.

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