Opinión

Anaya, ganar-ganar

     
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informe. Ricardo Anaya, presidente del PAN, ayer en el último informe de Constancio Carrasco Daza, como presidente del TEPJF.

Ricardo Anaya no improvisa nada. Su manía por controlar cada detalle de toda comparecencia ante la prensa es particularmente obsesiva.

Su método le lleva a posponer entrevistas, rehuir las ruedas de prensa banqueteras, o de plano escabullirse de los medios si no tiene listo el mensaje para una coyuntura dada.

Es un guionista y un actor. Redacta el argumento y luego lo ensaya hasta que se lo aprende. Según fuentes consultadas, ha perfeccionado su técnica de oratoria con la ayuda del coach español, Yago de Marta.

Con los discursos es lo mismo. Reúne información sobre el tema a abordar, pide consejo a quien sabe más de ese asunto sin importar si tal experto está o no en su círculo cercano, si es panista o no. Posteriormente redacta él mismo el discurso y luego lo memoriza. Llevará en unas tarjetas esos apuntes pero en general dirá el discurso, sin leer nunca, con el ritmo y la cadencia con que fue concebido.

Alguien con esa manera de proceder no habría salido el sábado pasado a una rueda de prensa sin calcular el demoledor efecto que tal evento tendría en la alicaída campaña de Josefina Vázquez Mota, la candidata panista a la gubernatura del Estado de México.

Anaya decidió lanzar, a dos semanas de los comicios, el mensaje de que hay que pensar en un frente opositor para 2018. ¿Para qué? Para cambiar el tema.

Con Nayarit en la bolsa para los panistas (en alianza con el PRD), sin pronóstico halagüeño en Coahuila, lo prioritario para Anaya es no hablar del seguro desastre de su partido en Edomex, donde la duda es si Josefina rompe su récord y se va al cuarto sitio.

Para ello Anaya encontró en Alejandra Barrales, presidenta del PRD, la aliada cómoda para lanzar una idea peregrina, la del frente plural, que generaría al panista el ruido mediático suficiente para escabullirse del escenario mexiquense.

La que se quedó con el problemón de explicar esa alianza fue, como ya se dijo ayer aquí, Barrales. Con lo que, de paso, Anaya debilita a los perredistas, aficionados como pocos a las guerras intestinas.

Y a pesar de todo, es casi seguro que Anaya saldrá del 4 de junio con más gubernaturas de las que tenía. Todo suma, y así sea el caso de que sólo gane en Nayarit, habrá acumulado una gubernatura más a su rosario de triunfos.

Encima, sabrá capitalizar las eventuales derrotas en Coahuila y el Estado de México. Con o sin el parapeto del supuesto frente opositor, si el Edomex lo gana el PRI, Anaya retomará el discurso de que urge detener al tricolor, cuyas mañas y excesos han sido grotescas en la contienda. La victoria priista sería pírrica y abonaría al discurso del hartazgo frente a los corruptos y abusivos tricolores que ha venido sosteniendo Anaya.

En caso de que sea Morena el partido que gane el Edomex, Anaya tendrá más argumentos para presentarse como la verdadera opción antiAMLO. Anaya podrá alegar que si el PAN ya le ganó a AMLO en el 2006, él podría repetirle la dosis al Peje. Sobre todo porque se repetiría una elección donde el PRI no cuenta, noqueado como quedaría tras una derrota en Edomex.

E incluso podría convertir el tema del frente opositor en uno, como ya dijo Graco Ramírez, para detener al PRI y a López Obrador.

Apelando a ese interés superior, Anaya evadirá el ajuste de cuentas en su partido por la pésima candidata que ya todos sabíamos que era Josefina, su elegida, su sacrificada. Él de cualquier forma ganaría.

Twitter: @SalCamarena

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