Opinión

Ana Gabriela, Andrea, Daphne, María Villar, Karen Rebeca…

   
1
  

  

Ana Gabriela Guevara. (Cuartoscuro)

A mí no me interesa si Ana Gabriela Guevara ganó medallas olímpicas o si es senadora de la República. No me interesa si puso en alto el nombre de México o si hace buena chamba en la Cámara alta.

Tales cosas hoy deberían ser irrelevantes también para cualquiera de ustedes.

Porque Ana Gabriela Guevara es un ser excepcional. Y lo es a partir de cualidades personales que le llevaron a explotar al máximo su natural talento para las pistas, en las que destacó mucho más allá del raquítico promedio del deporte mexicano.

Sin embargo, todo lo anterior, por meritorio que sea –insisto– no es lo que hoy debería importar.

Lo que en este fin de año debería importar es que como cualquier otra mujer de México todos los días, Ana Gabriela Guevara ha sido víctima de la violencia, del machismo, de nuestra barbarie. Una mujer más que es víctima. Una entre millones de mexicanas.

Porque la circunstancia que nos tiene hoy hablando de Ana Gabriela –el haber sido golpeada– será notoria pero no necesariamente noticiosa, no si entendemos como noticia algo que es novedad, y en nuestro país una mujer agredida es todo menos un caso aislado, todo menos novedad.

Lo que este fin de año debería importar es no olvidar que tan sólo en 2016 tuvimos cobertura informativa de la agresión a Ana Gabriela, y de la de Andrea Noel, atacada sexualmente en la Condesa en marzo, y del caso de Daphne Fernández, que tuvo que esperar más de un año antes de que la justicia (es un decir) veracruzana indagara a sus violadores, y de los cobardes asesinatos de la española María Villar y de Karen Rebeca, en el Estado de México, y la lista podría seguir.

Cobertura informativa hubo de esos casos pero reacción social no. O no una reacción que hiciera más complicado que los ataques siguieran.

El que cierra será un año en el cual la conciencia sobre nuestra violencia machista fue denunciada como nunca antes. En las redes sociales, con la etiqueta de #MiPrimerAcoso, abril vio surgir decenas de miles de mensajes donde las mujeres denunciaron una violencia muchas veces silenciada por décadas, una realidad de agresiones y acoso que no respeta edad o clase social de las víctimas. Todas tenían un agravio (o varios) por contar. Ellas rompieron el silencio pero nosotros no rompimos las inercias.

Los gobiernos respondieron a las denuncias de #MiPrimerAcoso y a las marchas de protesta con ocurrencias hechas de silbatos o con huecas manifestaciones de solidaridad, baratos llamados a la conciencia.

Ellas tienen conciencia. Saben que el transporte público es una trampa donde lo menos que les puede pasar es ser manoseadas. Cada día se visten para resistir el insulto, la bajeza, la procacidad, la cobardía, la violencia de los hombres de México.

Y este año mataron a una chica española. La raptaron en la ciudad capital, ésa la del negacionista Mancera, muerte que habría pasado inadvertida si su apellido no hubiera resonado en su patria.

Luego raptaron a Karen Rebeca y todos, la sociedad organizada y los medios, los ciudadanos y los políticos, dejamos que se marchitaran las protestas por su desaparición y asesinato. Una más que se olvida. Una más que no marcará un hasta aquí.

Ahora Ana Gabriela da la cara, rota a patadas. Véanme, dice. Véanse, dice.

¿Quién sigue? ¿Tu hija? ¿Tu hermana? ¿Tu pareja? ¿Tú? La respuesta correcta es que cualquiera de ellas, sino es que todas.

A mí me interesa hablar de Ana Gabriela, y de Daphne, y de Andrea, y de nosotros.

Twitter: @salcamarena

También te puede interesar:
Manual para ser gobernador
Cuauhtémoc Blanco, 'foul' a la democracia
Ejército, el problema de no entender el problema