Opinión

Amputaciones inevitables

El país necesita que el gobierno ponga orden, y para que ello ocurra debe empezar por casa.

La impunidad que galopa en el país tiene que ser frenada, y sólo se puede hacer desde una posición que cuente con la credibilidad y el respaldo de los mexicanos.

Lo ocurrido con la casa de Las Lomas le ha restado autoridad moral al gobierno para enderezar el rumbo que está tomando el país.

Por lo que se ve hasta ahora, el rumbo tiene como dirección el caos o, en el mejor de los casos, el escepticismo general.

Qué bueno que la esposa del presidente va a explicar la manera en que obtuvo esa propiedad y cómo se construyó la residencia de la polémica.

Pero una vez aclarado, tiene que devolverla al contratista o a los dueños originales porque el proyecto del presidente Peña y el destino de México valen mucho más que esa propiedad.

A veces el cuerpo, para mantenerse sano, necesita amputaciones. La casa de Las Lomas es una amputación.

Desde luego que hay manos interesadas en crear la desestabilización del país, porque en estos dos años se han tocado intereses monopólicos como nunca antes.

A esas presiones no se les puede hacer frente sin credibilidad y sin apoyo popular.

Para sortear el temporal y conducir su proyecto, la casa de Las Lomas es un estorbo para el presidente: para afuera.

Y para hacer justicia, como reclama México a gritos, hay que realizar esas amputaciones que mantengan saludable al resto del cuerpo.

Ayotzinapa es una verdadera tragedia nacional, producto de la rienda suelta que tiene la impunidad en el país.

La impunidad de los directivos de la escuela normal chocó con la impunidad de gobernantes amafiados con criminales.

Desde hace años que los directivos de esa normal han gozado de impunidad para robar camiones, tomar carreteras y asaltar casetas de peaje.

Esa impunidad hizo crisis el 26 de septiembre, cuando mandaron a un grupo de jóvenes a boicotear el evento de la esposa del alcalde de Iguala, a su vez aspirante a la presidencia municipal, pues pertenecía a un grupo político distinto al suyo.

La esposa del alcalde, y el alcalde mismo, eran miembros de una banda criminal y operaban con total impunidad. La colisión de impunidades es la que da por resultado una catástrofe.

Esa fue la causa de la desgracia, una de las más horribles en el país, que nos recuerda los tiempos de Auschwitz, ya que la mayoría de los jóvenes murieron asfixiados en las camionetas en que los transportaban.

Deben ser castigados los directivos de la normal de Ayotzinapa, acostumbrados a una impunidad rampante. ¿A qué mandaron a los jóvenes a Iguala? Los usaron políticamente, amparados en su proverbial impunidad.

Y los que en el gobierno federal supieron de las actividades criminales de Abarca y su grupo y no actuaron, como relató en cuatro espléndidas entregas Raymundo Riva Palacio la semana pasada, también deben ser amputados del equipo gobernante.

La recuperación de la confianza y del liderazgo para enderezar el rumbo y evitar que se caiga el proyecto modernizador del país, pasa por la autocrítica y por dolorosas amputaciones.

Twitter: @PabloHiriart