Opinión

AMLO y Trump, siameses

 
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Aunque Trump pierda, los estadounidenses tienen en México un espejo para constatar el inmenso daño que un mesiánico derrotado puede causar a su país. Porque ya es más de una década, desde julio de 2006, que Andrés Manuel López Obrador carcome el andamiaje institucional que tanto costó construir.

A primera vista, ambos personajes parecen polos opuestos. El neoyorquino infla y presume su riqueza; el tabasqueño busca vanagloriarse de pobreza. Uno debe ocultar sus declaraciones fiscales para no estropear esa ilusión, el otro transfirió propiedades, conservando su usufructo, para que su 3de3 pareciera de monje franciscano (acabando en el ridículo). Pero su gemelitud reside en vivir esa fantasía como verdad. Los dos candidatos mienten con el aplomo de un esquizofrénico en una realidad paralela.

Las mentes de ambos personajes producen respuestas tan rápidas y fáciles como equivocadas. Su fascinación son las cámaras y los micrófonos para pontificar. Son alérgicos al estudio y el detalle; lo suyo son delirios que presentan como soluciones. Son mentes limitadas a las que encantan las puertas falsas porque les aburre el largo camino que implica analizar alternativas necesariamente complicadas. Pero tienen antenas políticas formidables, ese 'instinto' para tocar las fibras íntimas de millones. Trump ha presumido que podría matar en pleno Nueva York y que sus seguidores mantendrían su fidelidad. Contra todo pronóstico, aplastó a sus rivales para ganar la candidatura del Partido Republicano. López Obrador ha violentado leyes de manera incansable a lo largo de toda su vida como político de oposición y mantiene la fidelidad acrítica de millones. Cuando su partido político (el PRD) se rehusó a mantenerlo como cacique, se dio el lujo de fundar uno nuevo.

Nublados en su mesianismo, los siameses no dudan en incitar a la violencia o coquetear abiertamente con organizaciones que la han utilizado abiertamente (el Ku Klux Klan o la CNTE). Ese poder por el que salivan justifica los medios. Leyes, convencionalismos e instituciones son peldaños para alcanzarlo, o bien estorbos que deben ser eliminados del camino. Son demócratas por necesidad y golpistas de mentalidad.

Ése es el gran peligro para Estados Unidos. Si Trump es derrotado el 8 de noviembre, de inmediato se debe encapsular lo que representa y sus acciones. En México la debilidad del Estado permitió a López Obrador sus famosos bloqueos y toda clase de desmanes. En los años subsecuentes se modificó la legislación electoral buscando contentarlo, llevando a que el INE sea ese carísimo hazmerreir de la actualidad.

AMLO usó al PRD (con la vergonzosa alianza silenciosa del PRI) para bloquear al 'espurio' en todo lo posible, destacadamente destrozando una reforma energética que habría llegado en plena bonanza petrolera.

En muchos aspectos, el gobierno se convirtió en rehén de sus ambiciones personales.

Estados Unidos tiene instituciones mucho más fuertes y por ello puede evitar el camino mexicano. Pero debe exhibirse el mesiánico de Trump en toda su magnitud y con el resto de la clase política cortando todo apoyo. Ojalá ello ocurra, porque en México se sigue permitiendo a su siamés tabasqueño destrozar el tejido institucional del país impunemente.

Twitter: @econokafka

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