Opinión

AMLO, en La Chingada

  
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AMLO. (illustración)

Una de las promesas incumplidas de López Obrador es la de irse a La Chingada. Ya en 2012 había dicho en una reunión particular que si no ganaba se iba a su finca en Tabasco, a la que le puso ese nombre. Ahora, en un texto publicado el día de ayer en Reforma (Revista R (13/11/16), menciona que si no gana en 2018 se va a ir, ahora sí, a La Chingada.

Es una pena que el señor no cumpla su palabra. Se ve que en ese lugar se la pasa muy a gusto. Y cuando él está ahí los demás también estamos muy contentos. Cuando Andrés Manuel se va a La Chingada está muy contento, reflexiona, siembra flores y arbolitos. Cuando no está allá sino que anda en campaña, está enojado, se pone violento, se convierte en predicador y en lugar de frutales siembra odio y discordia por el lugar que pasa.

El texto, publicado con motivo de su cumpleaños 63, parece ser el de alguien que se despide de una actividad o de algún lugar. Explica lo que le gusta de la finca: los árboles, las plantas, los animales, los insectos que se encuentran en su predio. Aprovecha para explicar el asunto de la herencia de ese terreno a sus hijos; hace un homenaje a su sencillez, a su desprendimiento de las cosas materiales. Recuerda los poetas que le gustan: Carlos Pellicer, Pablo Neruda y hasta el Che Guevara. Narra algunas de sus actividades bucólicas. Por recomendación del doctor camina cinco kilómetros diarios y dice que ha “comprobado que luego de un infarto y con hipertensión, lo mejor es vivir a nivel del mar”. Pues como que viene mucho a la gran altura de la CDMX, debería cuidarse más.

Por supuesto hay cavilaciones políticas: “si la mayoría de la gente dice que no me quiere gobernando o los de la mafia del poder nos lo impiden, entonces sí me iría literalmente a La Chingada”.

Es una gran promesa incumplida como ya mencioné. Ya en dos ocasiones la mayoría le ha dicho que no lo quiere gobernando y aquí sigue, obsesionado con su capricho, envenenando el ambiente. Andrés Manuel dice que se dedicará a leer y escribir, pero también amenaza con 'dar clases'.

Como buena despedida, López Obrador menciona una frustración proyectada: “si desgraciadamente nos va mal en el 18, seguiré sembrando plantas e ideas hasta que fallezca, pero no volvería nunca más a ser candidato a nada. Diría: quise ser como Juárez, Madero y Lázaro Cárdenas, y no pude o no supe hacerlo”. Caray, qué humilde nos salió el tabasqueño con sus comparaciones. Lo bueno es que no le dio por ser como Villa porque ya nos hubiera matado a los que no pensamos como él. Aunque vamos de gane, en 2006 se comparaba con Gandhi y con Jesucristo.

El texto sirve para recordar quién es: “No soy un ambicioso vulgar”, dice al final de su texto. Y lo remarca con un sencillo interés: “Sólo me importa estar bien conmigo mismo, con mi conciencia, con el prójimo, con la nación y con la historia”. No es poco para un vulgar ambicioso.

Cabe desearle que se cumpla su anhelo de irse a La Chingada. Lo tiene bien merecido.

Twitter: @JuanIZavala

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