Opinión

Amenazas a la balanza comercial y al empleo

 
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Contenedor. (El Financero)

El desarrollo industrial y comercial de México se encuentra una vez más en una encrucijada. En mayo la balanza comercial presentó un déficit de 1802 millones de dólares -frente a 600 millones de dólares un año atrás-, a pesar del “superdólar,” que debería teóricamente aumentar las exportaciones y disminuir las importaciones. ¿Qué está sucediendo?

Durante los últimos 25 años México ha seguido una estrategia de apertura externa e impulso al comercio exterior que incrementó aceleradamente nuestras exportaciones de automóviles, autopartes y productos electrónicos, así como las de la industria maquiladora en general. Desafortunadamente no se tradujo en el crecimiento deseado del PIB y el empleo. A falta de una política de fomento industrial y comercial la acelerada apertura externa condujo a crecientes importaciones de materias primas, componentes y productos terminados, que desplazaron a los productores nacionales. Es verdad que en los últimos 15 años el consumidor se ha beneficiado de precios más bajos como consecuencia de la afluencia de productos chinos y otros países asiáticos. Pero ello ha sido a veces a costa de productores internos competitivos, lo que ha resultado en ruptura de cadenas productivas, caída del empleo, los salarios y el estancamiento del mercado interno.

Ello ha sucedido también con Pemex cuya balanza comercial ha dejado de ser superavitaria, si consideramos sus compras de productos y servicios extranjeros -que antes proveían en 65 por ciento de empresas mexicanas y sus menores exportaciones.

La industria petrolera, que antaño nos generaba importantes divisas a través de la exportación de refinados y petroquímicos, se concentró en la exportación de crudo hipnotizada por los altos precios. Sus inversiones en refinación y petroquímica se detuvieron y también las del sector privado, argumentando que no eran rentables -cuestión que siempre será discutible si se observan las importantes inversiones de países no petroleros

La desindustrialización ha conducido a que se importen crecientes volúmenes de gas, gasolinas y petroquímicos. Sólo en el periodo enero-mayo Pemex pasó de importar 357 mil barriles de gasolina el año pasado a 395 mil, un incremento de 10 por ciento; en el caso del diésel el incremento fue de 16.6 por ciento; en el gas LP de 17.5 or ciento. En contraste, la producción nacional cayó 10.45, 5.1 y 12.5 por ciento, respectivamente.

En los primeros cinco meses del año, 51 por ciento de las gasolinas fueron importadas.

Por su parte, la producción de petróleo cayó 8.9 por ciento respecto a 2014, reduciéndose a dos millones 265 mil barriles diarios y los ingresos por exportaciones declinaron 47 por ciento, bajando de 16 mil 265 millones a sólo ocho mil 628 millones de dólares.

La balanza comercial se ha deteriorado recientemente por tres razones fundamentales:

1.- Nuestra exportación sigue dependiendo del mercado de Estados Unidos. La fortaleza del dólar está encareciendo los artículos estadounidenses en el mundo. Ha golpeado sus exportaciones y a sus industrias manufactureras y por ende la demanda de muchos productos mexicanos. La caída de nuestras exportaciones a 30 mil 886 millones de dólares -su menor valor en 28 meses con datos ajustados- tiene que ver con el descenso en las exportaciones no petroleras de 6.37 por ciento.

2.- La inversión en México ha sido muy baja en los últimos 30 años, salvo en sectores como el de alimentos y bebidas, en especial el automotor y de autopartes, y la maquila de exportación, donde el capital extranjero ha encontrado mano de obra abundante con salarios muy bajos, altos niveles de productividad y una ubicación estratégica competitiva, factores que ha aprovechado cabalmente.

Las empresas mexicanas invierten poco por la baja inversión pública en infraestructura física, la falta de financiamiento competitivo, pero sobre todo por el estancamiento del mercado interno, derivado de los decrecientes salarios reales de la población. Curiosamente las empresas grandes nacionales, localizadas en sectores rentables como los de alimentos y bebidas y las telecomunicaciones, están invirtiendo cada vez más en el exterior, en mercados que consideran atractivos para su estrategia global de negocios. Hoy las inversiones mexicanas en el exterior igualan los flujos de la IED en México. ¡En hora buena! Lástima que no inviertan más en México por las limitaciones del mercado interno y que en general no exporten, ni inviertan grandes sumas en investigación y desarrollo tecnológico nacional. Urge impulsarlas.

3.- La economía mundial crece a paso muy lento, afectando a las exportaciones europeas y norteamericanas, pero también a las chinas y de otros países asiáticos, que han sido en la última década el motor del crecimiento global. Existen grandes excedentes de capacidad instalada en muchos sectores como resultado de las grandes inversiones realizadas en los últimos años. Ello abarca a las industrias de bienes de consumo, pero también a los productores de materias primas básicas agropecuarias, mineras, o de bienes intermedios como el acero.

Esta situación ha impulsado las ventas de excedentes a precios dumping. Algunas empresas exportan a costos marginales castigados con tal de no tener que incurrir en el despido de trabajadores; las chinas, que son muchas propiedad del estado y a veces de un gobierno provincial o de una ciudad, colocan sus excedentes casi a cualquier precio, por abajo de sus costos de producción.

De enero a abril se importó deslealmente fundición de hierro acero por tres mil 158 millones de dólares de China y en menor medida de Francia, Alemania y Rusia, que ha dado lugar en México al cierre de líneas de producción y al despido de nueve mil 800 trabajadores de empresas que han probado ser competitivas. Ello ha dado lugar a la tardía imposición de aranceles compensatorios, que la semana pasada se amplió a la lámina rolada en frío. Las medidas han provocado la protesta de importadores, la industria automotriz en particular.

La Secretaría de Economía debe conciliar intereses económicos de empresas y consumidores, pero también, junto con la Secretaría del Trabajo, defensa del interés nacional y del salario. Esperamos que así suceda, en este y otros casos, que deben prevenirse a tiempo a través de una política industrial y de comercio exterior de nuevo cuño.

El autor es investigador del CEE del Colmex y exsubsecretario de Fomento Industrial.

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