Opinión

Alianzas tóxicas

 
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PAN y PRD analizan alianzas para el 2016

Hace algunos días en un evento público, el presidente Enrique Peña Nieto se sentó en medio del líder del Senado, el panista Roberto Gil, y el líder de la Cámara de Diputados, Jesús Zambrano. A punto de iniciar el acto, les dijo Peña Nieto: a ver si así logro evitar las alianzas. El presidente se refería a lo que los dirigentes nacionales del PAN y del PRD venían negociando semanas atrás: ir juntos en varios estados donde está en juego la gubernatura este año, para buscar la victoria sobre el PRI. La broma del presidente, que tenía mucho de deseo político, se convirtió este lunes en una realidad de pesadilla. El Comité Ejecutivo Nacional del PAN aprobó finalmente la alianza con “partidos nacionales y locales” en Durango, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa y Zacatecas. En al menos cuatro irán con el PRD, aunque no se descarta que se sumen más en los próximos días.

Las noticias de las alianzas no son buenas para el PRI, cuyo líder nacional, Manlio Fabio Beltrones, las ha denunciado como estrategias coyunturales, vacías de programas y acciones de gobierno. Sus denuncias no hacen mella en nadie. En México, la lucha política todavía arrastra vestigios del viejo sistema autoritario donde el PRI es el enemigo a vencer por antonomasia. La alianza más tóxica para el partido gobernante es en Veracruz, el tercer estado con mayor peso electoral (7.0 por ciento), cuyo el gobernador Javier Duarte tiene rendimientos decrecientes. Las elecciones en 2010 fueron muy apretadas y la coalición del PRI con el Partido Verde y el estatal Revolucionario Veracruzano apenas superó por 79 mil 472 votos a la coalición del PAN y Nueva Alianza. El PRD, que jugó con el PT y Movimiento Ciudadano –en ese entonces Convergencia–, obtuvo 401 mil 839 votos.

La alianza los convierte en altamente competitivos, y llevó a Duarte a pactar con el diablo. Para ayudarse y evitar la derrota, estableció nexos con Andrés Manuel López Obrador, para que Morena le ayude en dispersar el voto de oposición, a cambio de apoyos políticos y económicos. Morena se convirtió en la tercera fuerza en el estado en las elecciones de diputados el año pasado. Igualmente estratégica en la coyuntura y el contexto de las elecciones presidenciales en 2018 es Puebla, la quinta entidad en peso electoral (5.3 por ciento). En las elecciones pasadas, el gobernador Rafael Moreno Valle, en alianza con el PRD, Movimiento Ciudadano y Nueva Alianza, superó al candidato del PRI y Partido Verde por 228 mil 33 votos.

En las elecciones para diputados el año pasado, se repartieron por partes iguales las curules PAN y PRI, que significó una derrota para Moreno Valle y elevó las expectativas de Beltrones. Morena, una vez más, se erigió el año pasado como la tercera fuerza política estatal, con una ganancia de 159 mil 753 votos. Moreno Valle se juega ahí buena parte de sus aspiraciones presidenciales, y Beltrones, que tiene agravios personales con él, necesita al estado para compensar las eventuales derrotas en el resto de las entidades del centro del país, donde se jugarán las elecciones presidenciales en tres años. Morena es un factor en Puebla como lo será en Oaxaca, la décima entidad con mayor peso electoral (4.27 por ciento), donde irá fuera de cualquier alianza con la izquierda y el PAN, como hace seis años con Gabino Cué.

Otra alianza tóxica está en Sinaloa, donde las elecciones fueron muy cerradas hace seis años y la coalición del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano lanzaron al priista renegado Mario López Valdés, que le arrebató a su viejo partido y al Verde y a Nueva Alianza la gubernatura, por 61 mil 948. López Valdés le había ofrecido a Beltrones que en 2016 ayudaría a ganar al candidato del PRI, pero su delfín, Gerardo Vargas, secretario general de gobierno, fue dejado de lado en la decisión de la candidatura, que cayó en Quirino Ordaz Coppel, que pertenece a un grupo enfrentado con el del gobernador y sus padrinos. La duda es si el gobernador cumplirá su promesa o, como hace seis años, jugará contra el PRI.

Otra incertidumbre sobre rebeliones es lo que sucede en Quintana Roo, donde habrá otra alianza para quitarle al PRI la gubernatura. Hace seis años Roberto Borge ganó con más votos que la oposición combinada, a lo que ayuda la creciente fortaleza de Morena, que en 2015 obtuvo más votos que el PRD en las elecciones para diputados. El partido de López Obrador es disruptivo en varias elecciones, pero en Quintana Roo el problema más serio que enfrenta el PRI es la posibilidad de que un aspirante que está por ser relegado, Carlos Joaquín -exsubsecretario de Turismo, hermano del secretario de Energía, exgobernador del estado y exlíder nacional del PRI, Pedro Joaquín Coldwell-, sea abanderado del PAN y del PRD.

Las variables para el PRI tienen el respaldo de López Obrador, opositor a las alianzas. Pero la carta oculta en la ecuación es Movimiento Ciudadano, cuyo papel en esta elección es un misterio. Ya dio una señal en Colima, al jugar con un candidato que arrebató votos al PAN. Si Colima es preámbulo de una estrategia del partido de Dante Delgado, el PRI tendrá un nuevo aliado. Pero si aquello fue coyuntural, dependerán paradójicamente de López Obrador para dividir a la oposición y salvar así la primera gran estación hacia 2018.

Twitter: @rivapa

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